
El presidente de la República, Luis Guillermo Solís, salió en cadena nacional la noche del martes anunciando que el Gobierno no da abasto para cubrir sus compromisos presupuestarios y que el país se tambalea ante la falta de nuevos impuestos.
Lo anterior como el grito desesperado de la administración para tratar de convencer sobre el paquete fiscal, asustando dicen muchos, con chaqueta de muerto.
El discurso sobre nuevos impuestos no es de ahora, desde el 2014 está dando vueltas en el colectivo popular.
Pero seamos realistas, la discusión nació en punto muerto porque nunca se ha dado en realidad. Aquí la verdad, es que se priorizaron otros proyectos y leyes y ahora queremos poner a todos a correr.
Solís se está jugando las últimas cartas de la baraja, siete meses quedan para un nuevo periodo electoral y las posibilidades de que el Congreso le entre a una reforma fiscal en tiempos de política son pocas, para no decir casi nulas.
No calaron esas palabras en la mente de los costarricenses. La gente estará decidida a pagar más tributos cuando estos se traduzcan en bienestar, escenario que hoy se ve lejano.
Los ciudadanos no ven con buenos ojos la advertencia, por el contrario, la crítica más fuerte es la falta de decisión que mostró el Gobierno para restarle unos millones a sus gastos.
La administración verdaderamente no logró reducir sus obligaciones y si bien hay algunas de estas que son crecimientos automáticos, lo cierto es que no se socaron la faja en lo que sí se podía.
Es verdad que el país está comprometido fiscalmente, eso ya lo sabemos de sobra, pero qué han hecho desde el seno del gobierno para ponerle freno a los despilfarros, a la gastadera, a los excesos, a los sobresueldos de algunos miembros del gabinete, a la viajadera, al pago de horas extras, a los millonarios contratos de alquileres arreglados, para tan solo mencionar algunos puntos.
Hasta no ver, no creer. Y cuando uno como ciudadano, siente que la emergencia fiscal ha sido a medias, maquillada, excedida, temporal y hasta conveniente, es donde surgen mil dudas.
Hace dos años don Helio Fallas advirtió de la crisis fiscal y antes de él, la residenta Laura Chinchilla también habló del tema, pero nadie se ha tomado el asunto tan en serio. Y salir a tan pocos meses diciendo que se desarmó el chinamo y que el país está desfinanciado, deja un sinsabor.
Le agarró tarde a Solís para sacar el violín, cuando en años anteriores a sabiendas de las restricciones decidieron aumentar el monto de las transferencias a las universidades públicas o cuando aprobaron presupuestos con un aumento del 20%.
No se puede dejar de pensar que la falta de pago del salario de los diputados y la escasez de recursos para la Red de Cuido sean los mecanismos de amedrentamiento que esta administración esté usando de cara al nuevo proceso electoral.
El Gobierno no tiene liquidez, esas fueron las palabras del Presidente, pero como asegura el sociólogo Carlos Carranza, le tomó tarde. No es este el tiempo oportuno para forzar un plan fiscal en todas sus dimensiones y menos cuando ya se echan los azares para la silla presidencial del 2018. Poco creíble o inoportuno el discurso.
Los intentos que se han venido dando para mejorar la recaudación son pobres e insuficientes. Pagan hoy los mismos que han pagado siempre.
No hay resultados a la vista de la detección de grandes evasores, no hay más procesos judiciales ni penales contra quienes defraudan por muchos millones al fisco. La recaudación, pese a la aprobación de normas jurídicas más regulatorias, no alcanza para palear la bendita crisis, lo que supone que se quedaron cortos.
Los gastos del gobierno tampoco han disminuido, por el contrario, ha sumado algunos millones.
Queda la duda de si verdaderamente hay un problema de liquidez o si más bien se trata de una estrategia orquestada por el Gobierno para sacar, de buenas a primeras, la tarea que no hizo en tres años.
Ahora, de manera hábil tira la pelota a los diputados y los pone en una encrucijada, impuestos o endeudamiento externo, cuando por toda esta administración estuvo posponiendo la discusión fiscal.
Ya lo dijo la OCDE en su informe sobre la situación tributaria para Costa Rica, todo debe empezar por ordenar la casa, de modo que no se puede de manera intempestiva acorralar a los costarricenses con el argumento de que son los buenos de la película.
Las palabras del ministro de Hacienda, Helio Fallas, dejan mucho que pensar, ¿será que ningún comunicado de prensa caló? … Sí señor, el mensaje lo venían repitiendo, pero dónde estuvo la estrategia política y de negociación.
Ahora resulta que deben responder al Fondo Monetario Internacional, igual que debían responder al Registro de Accionistas con la OCDE, hasta dónde es todo una realidad o solo una medida de presión. El tiempo lo dirá, pero lo cierto es que si el escenario es como lo dibujan, vendrá una nueva administración presidencial a trabajar con las arcas en cero.