Gobierno del bicentenario

Debo confesar que honestamente ya me encontraba frustrado ante tanto desvarío, apatía y desinterés de la juventud actual ante los grandes problemas sociales que aquejan nuestro querido país; una juventud clasificada como “milleniams”, nacidos en medio de la vorágine tecnológica y por lo mismo condenados a resolver sus vidas a punta de agorismos virtuales. Debo […]

El 54% de los reclamos de los oficiales son por montos menores a ¢60 mil.

Debo confesar que honestamente ya me encontraba frustrado ante tanto desvarío, apatía y desinterés de la juventud actual ante los grandes problemas sociales que aquejan nuestro querido país; una juventud clasificada como “milleniams”, nacidos en medio de la vorágine tecnológica y por lo mismo condenados a resolver sus vidas a punta de agorismos virtuales. Debo también confesar que mi sorpresa fue mayúscula, al atestiguar la multitudinaria participación de los jóvenes en las recién pasadas elecciones, es reconfortante darse cuenta que no toda la juventud anda esclavizada al celular, intoxicados de consumismo e inmersos en frivolidades.

Esta pasada campaña llevó al país al filo de una peligrosa disyuntiva, por el enfrentamiento de dos fuerzas tradicionalmente antagónicas, que no obstante, nos dejaron confirmar el nivel de mesura y de respeto que aún se halla enraizado en el corazón de los ticos, pero también, sin menoscabar a ninguna de las dos agrupaciones en contienda, y siendo muy sincero, nos dejó muy clara la profunda lección de que nunca se puede ni se debe pretender gobernar al mundo desde los preceptos bíblicos, como tampoco promover el “cielo” desde el poder político, esto sería como mezclar el agua y el aceite, y cuando se han pretendido mezclar a través de la historia, los resultados han sido catastróficos, creo que nunca antes en la historia de nuestro país, refulgió, tan atronadora y profética, aquella lapidaria sentencia de Jesús : “ A Cesar lo que es de Cesar: y a Dios, ¡ lo que es de Dios!: y el pueblo lo comprendió; celebro aún compungido, esa portentosa demostración de madurez cívica y patriótica ostentada por el pueblo de Costa Rica, ¿ en cuántos países del mundo, ante semejante panorama, no hubiesen aflorado las más radicales, inimaginables confrontaciones?.

Todo parece apuntar a que por fin, en medio de una realidad sociopolítica en extremo difícil y delicadamente peligrosa, el país tiene esperanza, hay optimismo de sacar el país adelante, se siente honesto y sincero el mensaje de nuestro nuevo presidente don Carlos Alvarado de instituir un gobierno de unificación nacional, brindándole espacio a las distintas fracciones políticas para participar en una eficiente gobernanza, eso sí; me parece que nuestro presidente tendrá que rodearse en su gabinete de gente nueva y muy preparada, con una visión fresca, recta y muy capaz, que presenten atestados intachables, que antepongan un genuino amor por la patria, a mezquinos y oscuros intereses; porque por ahí ya hemos visto que no tardaron en arrimarse personajes del pasado, exjerarcas, políticos trasnochados que siempre andan buscando su tajada de poder y que en su momento hicieron poco o nada por el desarrollo del país, y lo que menos les importa es coincidir con el ideario del nuevo gobierno, esos son los que de obtener lo que quieren se quedan, pero en caso de perder, salen corriendo a esconderse cobardemente – ¡grandiosos defensores de la patria!, por eso, como ciudadanos responsables, debemos estar atentos a quienes se acercan a la conformación del nuevo gabinete, para no permitir que el futuro quede en manos de los mismos de siempre. Por otra parte, si es verdad que don Carlos Alvarado se propone implantar la honestidad y la ética en su nuevo gobierno, podría comenzar por solicitar a los futuros jerarcas, que le firmen un pacto de compromiso con miras a los primeros cien días de gobierno, si en esos primeros cien días no logran materializar al menos dos o tres proyectos fundamentales en las distintas instituciones, estarán obligados a presentar la inmediata renuncia a su cargo; y como para un cambio de esta magnitud, no podemos dejar cabos sueltos, yo esperaría además, que don Carlos Alvarado por ningún motivo permita que queden impunes los sonados casos de corrupción como: el cementazo, hidrotárcoles, la eterna ruta a San Carlos, la quiebra del crédito agrícola, la descarada estafa de los Yankelewitz, aquel negro pecado de Ofelia Taitelbaum, la trocha mocha, entre muchos otros que requieren una pronta resolución y la inmediata aplicación de una justicia pronta y cumplida; solo así el nuevo gobierno enviará señales claras de su empeño en “ barrer la casa”, en sanear el desalentado y aturdido corazón de los ticos; solo así los nuevos jerarcas sabrán a que atenerse a la hora de asumir un alto cargo, que requiera suprema responsabilidad y transparencia; solo así los costarricenses volveríamos a creer; solo así prevalecerá una recta observación de la moral y la ética … solo así se podrá lograr el ansiado gobierno del bicentenario.