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David Salazar, no sabemos en detalle quién es este señor, lo cierto es que evidenció con un video de celular lo que a muchos asegurados desean cuando son víctimas del desprecio y la desatención del personal asignado a clínicas, Ebais y hospitales en todo el país.
Él grabó el momento justo en que los funcionarios de la Clínica Marcial Fallas en Desamparados ignoraban a un paciente, pero además se dedicaron a increpar, amenazar y hasta agredir verbalmente al ciudadano cuando se vieron ante el lente delator.
Aquel video circuló como pólvora en las redes y en buen momento, pues los asegurados están literalmente CANSADOS, de aguantar las caras de quienes se suponen deben servirles desde el sistema de salud, pues buscar ayuda médica en ciertos lugares se ha convertido casi que en una súplica.
Cómo es posible que los empoderados doctores, enfermeros, asistentes de pacientes, personal administrativo y hasta los guardas de seguridad se tomen potestades que nos les competen, olvidaron quizás quiénes sostienen la seguridad social de este país y de paso pagan los salarios.
Suena grosero, pero la realidad es que la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) se cae a pedazos por la falta de mística de un montón de gente que no tiene vocación, que está en las aulas universitarias públicas y privadas pensando cuánto se ganarán en horas extra a costa de la crisis de los servicios.
No es posible que los pacientes tengan que someterse no solo a lo desgastante de un padecimiento o enfermedad sino al mal trato de los engrandecidos de la Caja. Muchos se quejan que pasan horas en las sillas de espera cuando los consultorios están vacíos, mientras los médicos disfrutan sus largas tertulia y hasta algunos chistes, además de los interminables periodos del café, almuerzo y hasta la cena.
Basta ya de estos gestos de mucho personal de la Caja, deberían de someterlos a una evaluación de parte de los asegurados, pero en estas valoraciones los usuarios nunca son tomados en cuenta.
Y claro, vamos a la constitución de la junta directiva de la entidad, ahí no hay un solo representante de los asegurados; hay de los gremios, pero eso es otra cosa.
Hay que revisar lo que está ocurriendo, por qué en la seguridad social los que sostenemos el sistema somos los últimos en opinar y votar. Se sabe que desde la misma entidad hay filibusteros que tratan de derrocarla, que por años la han debilitado con el afán de impulsar los servicios privados, esos a quien solo los platudos pueden acceder.
Consideramos que algunas prácticas de lo privado deberían prevalecer en los centros públicos, por ejemplo, las sanciones que le darían a un trabajador que trata mal a los pacientes. Si el personal fuera evaluado, otro gallo cantaría.
Mientras tanto, la autoridad de la institución se da el tupé de decir que tardarán más de dos meses en gestionar la denuncia del señor de Desamparados. ¿Será acaso que no basta con el video que muestra la altanería, la vagancia y desatención, porque para ser sinceros, a esas personas se ve que poco les importa el asegurado?
¿Será acaso que el tema de las cuotas por médicos sigue imperando en la Caja, que los buenos profesionales no pueden atender más de la cuenta pues el resto le pasa la factura por dejar en evidencia la inoperancia?
¿Cómo es que esa entidad en sus diferentes centros está tomada? ¿No se da cuenta la actual presidenta ejecutiva que se le cae a pedazos? Ella es médica y sabe de tajo a rajo lo que en este editorial le denunciamos. ¿Por qué no hace nada? Solo le dice a un usuario que espere, que la Contraloría de Servicios (también viciada) verá su caso.
Y como estos miles, en Hatillo hace unos 22 días una médica del turno de noche le echó (así como leen) la policía a un paciente que solo le reclamó que llevaba 45 minutos tras el cambio de turno, enviando mensajes por celular. De inmediato a la Clínica Solón Núñez llegó una patrulla para increpar al usuario, como si fuera un delincuente, mientras la bendita doctora se reía en la cara de todos.
Una patrulla, 3 policías y tiempo del Estado, para un paciente que estaba desarmado, enfermo y llevaba tres horas en una banca, eso es un ridículo. ¿Cómo se presta la Fuerza Pública para esos cuadros, si ni siquiera cuando hay un bochinche en la zona atienden con tanta celeridad?
Entonces dónde estamos parados los ciudadanos, este tipo de acciones llevan a pensar que la crisis de la Caja no es un tema de colones, es de personal, de funcionarios vagos, sin mística, interesados en el cheque mensual y no en el juramento que hicieron por la vida del prójimo.
Claro, hay que reconocer que existen profesionales que se echan a cuestas la entidad y trabajan en favor del asegurado sin importar el tiempo y las condiciones.
Pero bueno, si la Caja no sanciona a estos flamantes médicos de la Marcial Fallas, la sociedad lo hará, pues no es bonito andar por las redes sociales de cara y cuerpo completo, quedando al descubierto como un PÉSIMO trabajador.
Acá esperamos la resolución que emita la institución por tan lamentable accionar, aunque presumimos como sucede tantas veces, que esa denuncia termine en el archivo.