
El fútbol es inherente a toda realidad social. En el mundo de hoy, parte esencial de ella es escape, salida, catarsis, dominio de uno sobre otro, de mi equipo sobre el de los demás, de mi color sobre los otros colores, status, modus vivendi, imagen, “gloria fatua”, una agenda.
A nuestra realidad social, lo es parecido, porque hay otros lugares del mundo, pueblos, países y naciones enteras, que verdaderamente nos superan, histórica, social y deportivamente, porque ahí el fútbol en particular sí es una verdadera carta de presentación nacional, un asunto de identidad, de orgullo y hasta de dignidad humana. Innegable. Por ende, el fútbol es apetecible al negocio, al trueque, a los movimientos de cinturas, a las tangas, a los intereses de otras actividades, a los arreglos, corruptelas y manoseos de muchas manos sucias, de verdad, demasiadas manos.
Mirado con ojos de minero, que ve en la entrada de la mina su negocio. En la organización del fútbol, luchas de poder, que convierten una simple elección de un Vocal de una Directiva en una campaña política, promesas, compromisos y hasta ofrecimientos. En esa misma medida, en este país están marcados dos momentos históricos: antes de Brasil 2014 y luego, lo que venga, lo que ha seguido: el regreso de la mediocridad, la adulación, las argollas, el campeonato acomodado a ciertos intereses y para ciertos equipos, en el que algunos carecen hasta de arraigo, de afición, de luz eléctrica; la publicidad mentirosa, las deudas contra la CCSS y lo que hace la prensa deportiva nacional, que es lo contrario a lo que está obligada a hacer.
Desde la ciudad de Santos, el futbol costarricense acicateó y remozó todos los ideales de nuestra gente, impuso nuevas normas de conducta individual, infundió respeto a borbollones, incluso a los semáforos de las esquinas, sacudió el letargo social, hizo de una simple y pobre pulpería de pueblo, un Trust comercial vendiendo fetiches patrios, mudó la conciencia colectiva y en los alambres de las cercas (como pasa con las culebras en Guanacaste), quedó el cuero viejo, soporte y testigo de tanto saqueo público, de tanta contradicción política, de la demagogia legislativa, de las presas, producto del negociazo que tiene montado Hacienda con la entrada de tanto carro y el jugoso cobro de impuestos registrales, hermanó a la gente, solidarizó hasta a los inmigrantes y logró lo que no ha logrado nunca ninguna promesa de político, ni de toda nuestra clase política, de por sí, la misma, sin sorpresas y hasta sin moral.
Brasil 2014, permanecerá indeleble en la memoria y en la conciencia colectiva, como el fierro en el lomo, que se muere con el novillo, porque nunca más eso se repetirá, y lo probó el fracaso y el ridículo de la participación de nuestro fútbol en la Copa América Centenario, remembranza de la vieja tradición de la derrota que se hacía común, del perfil bajo, la indignidad y hasta lo folclórico del choteo, de la propia desgracia en los eventos deportivos internacionales; que calló la prensa deportiva nacional, sometida al silencio que les impusieron, una vez que lograron la salida de quien hizo posible la epopeya de Brasil, historia que nadie escarbó, porque se los ordenaron, solo para escoger a alguien que se acomodara a lo de siempre, a la indisciplina, a llamar a expupilos, solo a los de los dos equipos más tradicionales, ni siquiera a los que mejor lo hicieron en el campeonato nacional anterior.
A la fecha, ningún periodista o comentarista “deportivo” ha dicho lo que verdaderamente pasó, o por lo menos criticado el papel desteñido que hizo nuestro fútbol en la Copa América Centenario. Porque aquí todo es así, se maneja entre amigos, al grado de que uno que está afuera no puede distinguir dónde empieza la organización, la dirigencia deportiva y dónde los medios de comunicación, como escribió el birmano-inglés George Orwell (Erich Arthur Blair) al final de su obra “Rebelión en la Granja”, son una misma cosa, no se distinguen. Más interesa tener garantizada una entrevista o una invitación con entrada en mano para Rusia 2018, que asumir un verdadero compromiso en la búsqueda de depurar las cosas y de que todo se mejore.
Por eso nadie cayó con el fracaso, siguen los mismos, los que siempre dicen que hay que seguir trabajando, que lo demás llegará, para lograr que los ciegos sigan comprando camisetas rojas y llenen los bolsillos de los comerciantes, que no los bajen de los aviones, que los medios facturen millones con las fechas de la Sele, que las comidas rápidas hagan su agosto, que las gaseosas sigan enviando dólares a su sede en Detroit, que Ronald Mac Donald siga con el ágape tributario, que quien dirige el equipo viva bien en Hojancha, donde no ganaría ni la mitad de lo que le pagan en la Sele siendo gerente general de la sucursal bancaria del barrio.
A los incautos, hay que seguir diciéndoles, que con ganarle a la reserva de Colombia todo está conseguido. La prensa deportiva hace mofa de lo que le pasó a México con Chile y santo remedio.
*Abogado y notario público