
En esencia, y de acuerdo con la Constitución vigente, la principal función del Presidente de la República es gobernar y administrar el Estado. También nombrar y remover a su voluntad a los ministros, conducir las relaciones con organismos internacionales y llevar a cabo las negociaciones: concluir, firmar y ratificar los tratados que estime convenientes para los intereses del país, entre muchas otras cosas.
En este país el Presidente es elegido directamente por voto popular para un período de cuatro años y sin posibilidad de reelección inmediata. El candidato presidencial debe obtener al menos el 40% de los votos válidos en primera ronda, si no se logra dicha cifra se convocará a una segunda vuelta electoral en ese mismo año entre los dos más votados y aquí gana las elecciones el que tiene mayoría de votos.
Algunas veces el perdedor no acepta su derrota en las urnas, como se ha visto a nivel internacional. Los casos: “El asalto al Capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021 cuando partidarios del presidente saliente Donald Trump, irrumpieron en la sede del Congreso”. “El 8 de enero de 2023, seguidores del expresidente brasileño, Jair Bolsonaro, asaltaron el Congreso, la Presidencia y el Supremo Tribunal Federal del país”.
En nuestra América Latina siempre pasan cosas interesantes. Cuando la izquierda llega al gobierno, lo primero que hay que hacer es redactar una nueva Constitución a la medida del nuevo gobernante, claro, pensando en perpetuarse en el poder, y la cantaleta de siempre es que “la oligarquía y el imperialismo” tienen a su pueblo sumido en la pobreza, pero no dicen que la causa es por el mal gobierno.
La moda de hoy es crear nuevos organismos como el Grupo de Río, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), creada en Venezuela, como un mecanismo representativo de concertación política, cooperación y un espacio común que garantice la unidad e integración de nuestra región.
Todos los días se reúnen para firmar algún tipo de alianzas o acuerdos de cualquier índole con países de la misma región y fuera de la misma y, qué hemos logrado, si no estamos en manos de una potencia, estamos en manos de la otra.
Desde hace mucho tiempo, ciertos políticos vienen tratando el tema de la “unidad e integración de los países latinoamericanos”. Esto es un sueño con mil frustraciones, porque en cada rincón de nuestra región hay un volcán político activo. Veamos los casos: Los presidentes de Colombia, Gustavo Petro y de El Salvador, Nayib Bukele están en plena guerra verbal. El mandatario colombiano Gustavo Petro es declarado como “persona non grata” por el gobierno de Perú. El expresidente Pedro Castillo intentó quebrantar el orden institucional en Perú y terminó encarcelado. Por otro lado, los presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador y el de Venezuela, Nicolás Maduro, y todos los camaradas de la izquierda populista salieron en defensa de Castillo afirmando que le hicieron un golpe de Estado. Ahora tenemos un nuevo volcán en erupción; la tensión diplomática entre Ecuador y Argentina. Los incendios en el continente americano son un cuento de nunca acabar.
Aparte de los diarios problemas en el continente americano: corrupción, escándalos políticos, choques diplomáticos, entre otros, el gobierno costarricense debe tener mucho cuidado con algunos países que dicen ser amigos. Hay que tomar en cuenta de que “el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”. El Presidente de la República Rodrigo Chaves y los miembros del gabinete deberían participar en las cumbres y foros internacionales que realmente sean productivos para el país y no en esos cambalaches al estilo latinoamericano.