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En julio pasado se desarrolló la XII edición de la Feria Aeronáutica Internacional de Colombia (F-AIR). Cada vez sorprenden más los avances tecnológicos e innovadores que presentan los expositores, muchos de ellos, las compañías del sector aeronáutico más grandes del mundo, como Airbus, SAAB o Lockheed-Martin.
Durante la rueda de negocios de la cual pude participar por mi acreditación como visitante profesional internacional, muchos empresarios cerraron tratos con grandes compañías para traer inversión a Colombia, Panamá, Brasil y Argentina. Lo más innovador que vi fue el uso de aceite de palma africana como materia prima para crear combustible para aviones, proyecto en el cual aerolíneas como LATAM son partícipes con el fin de implementarlo en su flota y así abaratar costos y reducir el impacto ambiental.
Pero, ¿dónde estaba Costa Rica? Fue la gran ausente. Lamentablemente, en nuestro país la industria aeronáutica aún es un sector emergente, a pesar de grandes esfuerzos del sector privado, y de organizaciones como el Costa Rica Aerospace Cluster (CRAC).
Sabemos bien que Costa Rica ha sido históricamente dependiente del turismo y la agroexportación, por lo que el desarrollo de una industria aeroespacial representa una gran oportunidad para diversificar aún más nuestra economía. Actualmente, más de 40 empresas costarricenses conforman el Costa Rica Aerospace Cluster (CRAC), que exporta aproximadamente $100 millones anuales, lo cual suena a mucho, pero si comparamos cifras con otros países de América Latina, nos quedamos cortos.
El desarrollo de una industria aeronáutica local también puede tener beneficios estratégicos. Puede generar empleos de calidad, mejorar nuestra balanza comercial, fortalecer las capacidades nacionales en seguridad y transporte, y posicionar al país como un centro de innovación en América Central. Además, puede integrarse con los esfuerzos globales por una aviación más verde, alineando el desarrollo económico con nuestras metas ambientales.
¿Por dónde empezamos? Hacen falta esfuerzos políticos decididos que impulsen la diversificación hacia el fomento del sector aeronáutico, con incentivos específicos, formación técnica especializada y promoción de alianzas con empresas internacionales del sector. Uno de los principales retos está en modernizar la Ley General de Aviación Civil No. 5150, de mayo de 1973, con el fin de actualizarla a estándares internacionales y nuevas tecnologías.
Costa Rica, con su historial de estabilidad política, talento humano calificado y experiencia en manufactura de alta tecnología, tiene todos los ingredientes necesarios para convertirse en un actor relevante en este sector.
Es momento de cambiar el rumbo, nuestros países vecinos nos muestran que sí es posible.