
Uno de los fenómenos volcánicos más destructivos son los flujos piroclásticos, corrientes turbulentas de gases volcánicos muy calientes, mezclados con ceniza y partes de rocas, que descienden a muy altas velocidades y temperaturas.
La reciente erupción del Volcán de Fuego en Guatemala obligó a las autoridades guatemaltecas a realizar evacuaciones preventivas ante este fenómeno y puso nuevamente en el radar este fenómeno.
María Martínez, científica del Ovsicori-UNA, mencionó que estos flujos pueden alcanzar velocidades mayores a los 100 kilómetros por hora y temperaturas superiores a los 700 grados Celsius.
“Una persona no puede escapar de un flujo piroclástico corriendo ni en un vehículo si se encuentra cerca de su trayectoria. Por eso, la única protección efectiva consiste en respetar las zonas de exclusión y atender de forma oportuna las órdenes de evacuación”, advirtió Martínez.
Varios volcanes de Costa Rica han generado flujos piroclásticos durante su historia eruptiva, tales como el Volcán Arenal, Turrialba y Rincón de la Vieja; además, el Volcán Poás mantiene potencial para producirlos.
Realizar un constante monitoreo de los volcanes es la mejor forma de proteger a la población, ya que un fenómeno con los flujos piroclásticos no puede detenerse ni evitarse, según la información brindada por Martínez.
“Estos eventos son poco frecuentes; por lo tanto, hay que estar al tanto del estado de actividad de los volcanes y, en caso de que se dé una alerta, de un aumento en la actividad de un volcán, hay que tomar las medidas del caso y estar informados”, mencionó María Martínez.
