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Las últimas semanas no han sido muy positivas para Costa Rica, los ojos de los inversores internacionales están encima nuestro, las calificadoras no mejoran las expectativas del riesgo país y los organismos foráneos prevén una situación compleja para el 2021.
El panorama no es para nada alentador, justamente el miércoles 2 de diciembre anterior la Organización para La Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) advirtió a Costa Rica de las enormes trabas que tendrá para lograr financiamiento, pues hay gran incertidumbre fiscal y además la economía está desacelerada.
Se prevé que la producción caiga un 5,6%, cifra mayor a la pronosticada por el Banco Central, asimismo se espera apenas un crecimiento del 2% para el 2021, por debajo de lo estimado meses atrás.
Costa Rica está con el agua al cuello, datos del Ministerio de Hacienda indican que la diferencia entre los ingresos y los gastos del gobierno será superior al 11% del Producto Interno Bruto (PIB) y si tomamos en cuenta que cada punto porcentual equivale a ¢361 mil millones, eso quiere decir que la brecha será de unos ¢ 3.971.000.000.000, en palabras más sencillas ¢3 billones.
Para que tengamos una referencia, en el año 2019 el déficit fiscal cerró en un 7%.
Los ingresos caerán aproximadamente en más de ¢600 mil millones este año poniendo al país en la posición bastante estrecha para hacer los pagos de la deuda. Hablamos de una deuda pública que ronda los $43 mil millones, en moneda local son ¢26 billones, es decir, que llegará a un 70% del PIB, con perspectivas de hasta un 80% para el próximo periodo.
Así las cosas, para el ojo de las calificadoras de riesgo estamos en muy mala posición y por ende las pésimas calificaciones que auguran que los bonos nacionales serán basura.
Justamente eso nos ocurrió ayer, cuando Moody’s lanzó uno de esos temidos dardos. La agencia calificadora hizo una serie de observaciones relacionadas con la situación financiera costarricense, aduciendo que no se están tomando medidas y tampoco logrando acuerdos para paliar la crisis y evitar la debacle.
La calificadora reconoció que el perfil crediticio de Costa Rica es B2, es decir, que la nota nacional está sujeta a especulaciones y que presenta un alto riesgo crediticio, no tenemos buena imagen para colocar bonos a buen precio.
Es importante considerar también que el organismo internacional nos bajó la perspectiva de estable a negativa por la alta incertidumbre que prevalece en el país sobre el futuro de las finanzas públicas.
Algunas de las observaciones no son nuevas, pero hay que tomar apunte a los señalamientos que se hacen, entre ellos, una alta carga de deuda producto de déficits fiscales y la susceptibilidad a eventos de riesgo.
El gobierno está maniatado en materia de liquidez, lo cual hace que las empresas que quieran invertir en territorio nacional podrían pensarlo dos veces para generar divisas.
Entendemos que la pandemia producto del Covid-19 llegó a agravar la situación de las finanzas, eso claro está, sin embargo, no podemos dejar de señalar que el gobierno de Carlos Alvarado se tardó en demasía para acceder a una mesa de diálogo multisectorial, la cual resultó un completo fracaso.
Aunque las autoridades no lo quieren dimensionar de esa forma, el gobierno se tomó como atribuciones proyectos que fueron impulsados desde hace tiempo por la corriente legislativa, entre ellas, la venta de la cartera de créditos de la Comisión Nacional de Préstamos para Educación (Conape), la reducción de la deuda política, préstamos y sanciones a las personas condenadas por fraude fiscal.
Pero también los diputados deben poner de su parte. Sabiendo que muchos de los proyectos tienen que pasar por este Poder de la República, bastantes legisladores se vuelven tan populistas que deciden entrabar los asuntos solo para llevarle la contraria al Ejecutivo.
Si alguien se opone a iniciativas de este tipo, deberán ajustar las razones o salir con propuestas que no representen un simple saludo a la bandera, como está pasando en la actualidad.
El país carece de medidas que impulsen la reactivación económica, una de las principales necesidades que se requiere en la actualidad con el fin de dar un mayor dinamismo a la actividad de la economía local.
Si queremos ponernos la mano en el corazón, es momento de buscar soluciones y dejar de estar señalando culpables. Al final de cuentas todos estamos en un mismo barco y si no se hace nada de inmediato, naufragaremos todos.
Desde el año 2014 hasta la fecha escuchamos sobre las advertencias que organismos internacionales especializados en la economía le hacen al gobierno de Costa Rica.
El barco se hunde, parece que no vemos la luz en el túnel, y eso se debe al desorden que impera en la administración actual y por supuesto al mega hueco que dejó Luis Guillermo Solís.
Sin embargo, lejos de que se haga caso, parece que estamos en el cuento de la Caperucita Roja y el Lobo Feroz, en donde por más que se le dice a la niña que se la van a comer y que tenga cuidado, no se hace ningún caso y las consecuencias podrían ser letales.