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A poco más de cinco meses para los comicios de febrero, la candidata oficialista, Laura Fernández, continúa a la cabeza de la contienda electoral, así lo reveló el último informe de Enfoques Investigaciones, cuyos resultados la posicionan en el primer lugar con una intención de voto del 19%.
De acuerdo con el análisis, en segundo lugar, aparece Fabricio Alvarado con un 14%, seguido de Álvaro Ramos con un 7%.
Más atrás están Natalia Díaz (5%), Claudia Dobles (4%) y Ariel Robles (3%), mientras que un 44% de los consultados aún no se inclina por ningún aspirante, lo que refleja un alto nivel de indefinición en el electorado.
Sobre las características de quienes votan, apenas un 2% ejerce el sufragio con base en un vínculo emocional profundo con un partido o figura política, mientras otro 2% lo hace para bloquear y no para apoyar, motivado por el miedo o el rechazo a una opción percibida como amenaza.
“El 32% de los votantes está enfocado en resultados concretos. No se mueve por discursos ni fidelidades, sino por quién le demuestra capacidad de resolver. Cambia de opción fácilmente si se siente defraudado. Evalúa el desempeño y tiende a votar por quien percibe como más eficiente, no necesariamente por quien simpatiza más”, señala el estudio.
El informe advierte que Fernández consolida el mayor “voto seguro”, con un 26%, mientras que Alvarado registra un 13% y Ramos un 9%.
En contraste, figuras como Eli Feinzaig y Claudio Alpízar enfrentan altos niveles de rechazo, con más del 60% de los encuestados asegurando que nunca votarían por ellos.
Este escenario confirma que, aunque algunos nombres logran visibilidad, la contienda se mantiene fragmentada y con techos de crecimiento limitados para varias precandidaturas.
Otro hallazgo clave es la percepción sobre quién será el próximo presidente: un 63% asegura que aún no lo tiene claro, mientras que el 17% menciona a Fernández, por encima del 5% que nombra a Álvaro Ramos.
Desconectados de la política
Uno de cada diez votantes se siente completamente desvinculado de la política. No vota porque no encuentra representación, porque se siente ignorado o porque ha acumulado frustración. A menudo desinformado o desinteresado, ve la política como un espacio ajeno o inútil. Para este grupo, votar ya no vale la pena.