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Pasadas las Fiestas Patrias tuve oportunidad de escuchar a unos jóvenes platicar sobre la celebración de la Independencia, los desfiles y los faroles. Entre bromas y risas los oí mientras recordaban sus experiencias marchando, portando la bandera o tocando en la banda escolar, no faltó que mencionaran la ilusión que les hacía, de niños, construir un farol con la ayuda de su madre o su abuela y la emoción que se sentían de encenderlo durante el desfile… en sus palabras pude percibir fervor patrio y ese sentimiento que los identifica como ticos.
Sin duda alguna esta fecha, además de despertar sentimientos patrióticos, evocan memorias e imágenes de padres y abuelos inculcando valores de una nacionalidad que no surgió del enfrentamiento militar sino del amor por la libertad, la democracia y la justicia social. Y mientras los escuchaba me pregunté, ¿qué tan arraigados están esos valores en las nuevas generaciones, que tan conscientes están de su historia, de sus raíces y tradiciones, de los sacrificios que sus antepasados hicieron para darles una patria y libertad?
Al verlos no pude evitar pensar que ellos y los de su generación, en pocos años, tomarán las riendas de este país y serán quienes decidan, voten, eduquen a sus hijos, ocupen puestos de responsabilidad, emprendan negocios, investiguen, gobiernen y continúen la construcción de esta nación.
Comencé entonces a prestar más atención a sus comentarios y me di cuenta de que la conversación había evolucionado y más allá de los recuerdos, analizaban eventos y discutían sobre lo que significaba para cada uno la celebración. Y entre “maes” y “la pura neta”, trasmitían un sentir patriótico distinto, un sentir que superaba por mucho el acudir a un desfile o encender un farol… sus faroles siguen iluminados por el amor a la libertad, pero ahora también cargan ansiedad por el futuro, rebeldía reprimida, cuestionamientos y sueños de una Costa Rica que nosotros, los mayores, ni siquiera podemos imaginar…
Para muchos de ellos la celebración no está en recordar lo que ocurrió hace más de 200 años, sino en preguntarse cómo van a enfrentar los retos de un mundo en evolución constante, un mundo que los obliga a desarrollar nuevas destrezas, que los confronta con el impacto digital, con la desaparición de las fuentes de trabajo tradicionales, con una crisis climática que amenaza con la sostenibilidad ambiental, con la falta de solidaridad y empatía, y la desinformación producto del uso irresponsable de la IA, agravado todo por una crisis educativa mundial que no les ofrece respuestas ni herramientas que les permitan visualizar un futuro que hoy ven incierto y amenazante.
La presencia de tantos jóvenes en la celebración de la Independencia nos debe llenar de esperanza pues su participación nos habla de un sentido de pertenencia, de interés por las tradiciones, por la historia, así como una búsqueda de empatía para con sus sentimientos patrios. A ellos les fueron inculcados valores que hoy buscan reafirmar en la sociedad y en la familia, valores que saben fueron la base sobre la cual se construyó Costa Rica, valores que buscan rescatar como punto de partida en la construcción de ese mundo en el que les tocará vivir. Esos valores en nuestra historia que se ven reflejados en las decisiones políticas y sociales que nos permitieron surgir como una nación pacifica, democrática, solidaria, capaz de construir un Estado Social de Derecho que hizo posible la inversión en salud, educación, vivienda, cuido de la naturaleza…
Los jóvenes hoy son cada vez más conscientes del reto que les espera, ellos buscan respuestas y tienen el derecho y la necesidad de recibir información fidedigna que les permita tomar decisiones informadas, así como conocer su historia, con sus yerros y aciertos para formarse un criterio y comprender mejor el mundo que les toca vivir.
Es a nosotros, padres, abuelos, maestros, adultos, a quienes corresponde trasmitir ese conocimiento con honestidad, objetividad, conocimiento y amor por Costa Rica… fallarles no es una opción.