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Rangún. (AFP) – Con caceroladas y bocinas, los habitantes de Rangún protestan como pueden contra la dictadura tras el golpe de Estado que derrocó a Aung San Suu Kyi, aunque el temor continúa siendo fuerte en un país acostumbrado a sangrientas represiones del ejército.
En Birmania \”estamos acostumbrados a hacer el mayor ruido posible para expulsar a los malos espíritus de las casas y los pueblos\”, aquí los demonios son los militares, cuenta a la AFP Thinzar Shunlei Yi, quien creó un grupo de desobediencia civil tras el golpe.
El lunes, el ejército puso fin de manera brutal a la frágil transición democrática del país, instauró el estado de emergencia por un año y detuvo a Aung San Suu Kyi, jefa de hecho del gobierno civil, así como a otros responsables de su partido, la Liga Nacional para la Democracia (LND).
Desde entonces no se llevó a cabo ninguna manifestación importante, ya que el miedo a las represalias sigue fresco en este país que ha vivido bajo el yugo de la dictadura militar durante casi 50 años desde su independencia en 1948.
Pero las señales de resistencia se multiplican.
El martes y miércoles, una vez caída la noche, habitantes del barrio comercial de Rangún golpearon durante una hora cacerolas bajo un concierto de bocinas.
\”Golpear frena un poco mi ira (…) pero eso solo dura un instante\”, dijo Min Theint Oo, de 50 años, abatido por volver a caer bajo un régimen militar tras un paréntesis de 10 años.
No lejos de allí, un joven agitaba una bandera con los colores de la LND, que ganó por amplia mayoría las legislativas de noviembre, unas elecciones cuya legalidad cuestionan los militares. Otros hacían el saludo con tres dedos, un gesto de resistencia adoptado ya por los militantes prodemocracia en Hong Kong y Tailandia.