¿Existen los agüizotes?

Parapsicología y actualidad

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En muchos rincones de Costa Rica aún se escuchan frases como: “soñar que a uno se le caen los dientes es sinónimo de desgracias”, “soñar con ser atacado por un reptil es presagio de un enemigo o una traición”, “toparse un gato negro es mala suerte”, e incluso “hay que jugar los números que tiene la mariposa oscura o café en sus alas (la mariposa de la lotería)”; o bien, “en Año Nuevo hay que usar una prenda amarilla para la buena suerte”. 

Todo este tipo de expresiones responde a una tradición de creencias populares conocidas como agüizotes, que atribuyen valor predictivo a ciertos signos del entorno. Pero ¿tienen algún sustento real o se trata simplemente de interpretaciones culturales sin base científica?

Desde un enfoque objetivo, los agüizotes son construcciones simbólicas. Aparecen cuando las personas necesitan dar sentido a lo incierto. Asociar el número 13 con una desgracia, o un espejo roto con mala suerte, no implica que exista una relación causal. Es más bien un caso de coincidencia interpretada emocionalmente.

La ciencia no ha encontrado evidencia que valide estas creencias como predicciones confiables. Lo que sí ha documentado es que el cerebro humano tiende a conectar hechos que ocurren cerca en el tiempo, aunque no tengan relación. A esto se le llama sesgo de confirmación. Es decir, recordamos cuando el agüizote “se cumplió”, pero ignoramos las veces en que no ocurrió nada.

Ahora bien, negar su existencia simbólica sería un error. Los agüizotes cumplen una función psicológica: ofrecen una narrativa de control frente a lo desconocido. 

En zonas rurales, de poca escolaridad o en contextos de estrés, ayudan a canalizar miedos que no siempre se pueden verbalizar abiertamente.

Desde Hades Costa Rica no buscamos ridiculizar estas creencias, sino comprenderlas. 

No hay pruebas de que un animal anuncie la muerte o la suerte en la lotería, pero sí sabemos que el miedo busca explicación. En lugar de burlarse, es mejor dialogar, informar y abrir espacios de reflexión. 

La ciencia no anula la cultura, pero sí nos permite mirarla con ojos más críticos y compasivos.