Exiliado nicaragüense: “Salí solo con mi teléfono y el cargador”

Político Eliseo Núñez narra el desgaste personal por el que ha pasado

Uber

El exilio para un opositor nicaragüense no es una transición planificada, sino un acto de supervivencia que impacta el tejido familiar y profesional. Eliseo Núñez, político y abogado, relata cómo la persecución lo obligó a abandonar su país de forma abrupta en 2021, dejando atrás su vida para ingresar a Costa Rica por vías irregulares.

Según detalló en el podcast de Grupo Extra “El Bien y el Mal“, esta “muerte civil” implica no solo la pérdida de la nacionalidad, sino también el reto de insertarse en una economía más costosa y competitiva, mientras se carga con el peso emocional de la separación.

“Yo salí de mi casa el 8 de junio y salí solo con mi teléfono y el cargador. Entré a Costa Rica con algo de efectivo, sin usar mis tarjetas, precisamente para que no me ubicaran por dónde iba pasando y con la ropa que llevaba puesta. Cuando crucé, lo primero que hice fue comprar ropa”.

Golpe familiar

Esta huida forzada no solo afectó su carrera, sino que marcó profundamente a su familia; su hijo menor no pudo obtener un pasaporte y tuvo que viajar meses después por rutas peligrosas.

Además, el costo humano incluye la resignación de no volver a ver a sus padres ancianos, ante la imposibilidad de retornar a una nación que le ha arrebatado hasta su título profesional mediante la “muerte jurídica“.

Sin embargo, Nuñez asegura que este destierro masivo (que ya suma a cientos de miles de nicaragüenses) no es un daño colateral, sino una pieza clave de la estrategia de Daniel Ortega para consolidar un poder absoluto.

Purga interna

Núñez advierte que el régimen ha entrado en una fase de purga interna para garantizar que el mando permanezca en la familia, encarcelando incluso a figuras del propio sandinismo que podrían cuestionar el traspaso de mando a Rosario Murillo o a sus hijos. Sobre este proceso de herencia política, el entrevistado destaca:

“La sucesión es el momento más vulnerable que puede tener un régimen autoritario como el de Ortega. En este momento tiene ya aproximadamente unos dos años de estar teniendo más presos políticos provenientes del sandinismo que de la oposición, porque lo que está es garantizando la sucesión dinástica”.

Para sostener este control, el régimen ha perfeccionado una “ingeniería de la represión” que utiliza el terror calculado como herramienta de cohesión política.

Según Núñez, las masacres de 2018 no fueron estallidos de violencia irracional, sino eventos “de diseño” ejecutados para polarizar a la sociedad y forzar a la base sandinista (que se estaba alejando del dictador) a regresar a su lado por miedo a la represalia opositora.

“En la mente de Ortega esos muertos son de diseño, no son porque se enojó. Él diseñó cómo iba a aplicar eso para polarizar, porque al tensar la cuerda, la misma base sandinista que se había ido porque lo despreciaba, se tuvo que devolver porque él es el que le puede dar protección”.

Hoy, Nicaragua enfrenta un escenario donde la represión económica y la vigilancia constante mantienen a la población en una sumisión forzada, mientras la cúpula estatal asegura la trazabilidad de recursos clave como el oro para financiar su permanencia.

Núñez narró parte de los principales problemas que ha vivido desde el exilio.