Exfutbolista puso al Gringo por ¢5 mills.

Un hombre de apellidos Rodríguez Araya, exjugador del Municipal Grecia, es el principal sospechoso del crimen de Irving Guido Toruño, alias “El Gringo”, cuyo cadáver ubicaron en Bajo Los Ledezma, la Uruca. El exfutbolista, a quien se le conoce como “Sander”, le dio hospedaje al ahora fallecido cuando los agentes del Organismo de Investigación Judicial […]

Las agujas y catéteres son el principal producto de exportación.

Un hombre de apellidos Rodríguez Araya, exjugador del Municipal Grecia, es el principal sospechoso del crimen de Irving Guido Toruño, alias “El Gringo”, cuyo cadáver ubicaron en Bajo Los Ledezma, la Uruca.

El exfutbolista, a quien se le conoce como “Sander”, le dio hospedaje al ahora fallecido cuando los agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) lo buscaban hasta por debajo de las piedras por el delito de narcotráfico.

Sin embargo esa “confianza” se rompió cuando un grupo criminal contrario a su organización le ofreció ¢5 millones en efectivo a Rodríguez Araya para que lo “pusiera” y ejecutarlo, acción relativamente fácil por el vínculo de amistad entre ambos. 

Los agentes judiciales capturaron al que fue el cerebro del equipo griego en abril de 2018, luego de señalarlo como el jefe de una organización dedicada a la venta y distribución de drogas en el cantón de Grecia. 

Un hermano de Rodríguez Araya, también futbolista, fue detenido por supuestamente almacenar y trasladar drogas en bares y parques de la zona de Occidente. 

Walter Espinoza, director del OIJ, manifestó que se dio por finalizada la investigación que arrancó hace dos años contra el grupo criminal, que “era liderado por alias El Gringo, quien falleció el 16 de diciembre del 2017 y las investigaciones indican que Sander colaboró con la recepción de Toruño, lo mantuvo oculto en casas y luego se puso de acuerdo con otro grupo criminal y facilitó su ubicación para que lo mataran.

Ese otro grupo operaba en Desamparados y Alajuela, Toruño era buscado en Santa Ana y se fue a Grecia. Creemos que el dinero tuvo que ver mucho con la entrega, hay intereses económicos y también para ostentar poder en la zona”, detalló.

Espinoza agregó que la estructura criminal siguió trabajando, pese a la muerte de El Gringo.

“El grupo operaba en Aserrí, Pavas, San José centro, Grecia, Palmares y San Ramón de Alajuela. Se dedicaba a traficar drogas en narcomenudeo y contaba con una gran cantidad de colaboradores, a los que se vinculaba en 8 homicidios por drogas, donde se enfrentaban con enemigos que pretendían invadir territorios.

El grupo que lideraba El Gringo fue desarticulado por completo, hizo acuerdos con otros grupos y bajó presencia, pero siguió con trasiego de la Zona Sur hasta dichas zonas. Tras los allanamientos decomisamos 2 kilos de marihuana, 1 AK-47, escopetas, pistolas, ¢7,6 millones en efectivo y otra evidencia”, recalcó.

 

CASA DE SEGURIDAD

 

El Gringo estableció varias viviendas que consideró de seguridad, tanto para él como para sus miembros de confianza, ya que era el lugar donde se escondían, planeaban, torturaban, asesinaban y también disfrutaban en fiestas con mujeres.

Las casas elegidas están en residenciales en Santa Ana, Uruca y Heredia, donde trabajaban tranquila y ordenadamente, pues no tenían presencia policial. Ahí llegaba El Gringo e intercambiaba información, por eso era importante ocultarse en sitios de clase media alta.

Trascendió que los miembros del clan narco ganaban mucho dinero y tenía varios búnkeres llenos de cocaína, crack y marihuana. Pretendían expandirse, pero la muerte del capo les generó alguna distorsión, por lo que debieron bajar operaciones. 

 

DESDE LA CÁRCEL

 

El archienemigo de El Gringo fue un hombre de apellidos Martínez Fajardo, alias “Pollo”, quien se encuentra recluido en una cárcel de Nicaragua, donde al parecer sigue dando órdenes vía telefónica para seguir operando en la narcoactividad. 

En la actualidad no se le investiga, pero presuntamente mantiene un vínculo cercano con “La Reina del Sur”, quien realiza constantes envíos de droga a la capital con los hombres de confianza del recluso.