Estudiante atravesó tormentoso camino y hoy narra milagro
Universitario de 19 años encontró propósito en la fe
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Abusos físicos y psicológicos, la muerte de seres queridos, una enfermedad cardíaca, una operación riesgosa y una batalla silenciosa contra la desesperanza.
Todo eso llevó a Alejandro Sandí, de tan solo 19 años, a enfrentar el momento más oscuro de su vida: intentar quitarse la vida.
Desde muy joven enfrentó situaciones complicadas. En sus palabras, fue víctima de constantes agresiones durante gran parte de su vida.
“Recibí bullying. Cuando entré al colegio, llegó a ser físico. Fue, pues, bastante feo. Me cambié de colegio y me diagnosticaron una enfermedad en el corazón, se llama Wolff-Parkinson-White. También, justo antes, en un periodo muy corto de tiempo, mis 2 abuelos murieron”, explicó.
El joven se sentía al borde de un abismo, en donde la salud mental comenzó a deteriorarse.
“Poco a poco, esto fue haciendo como que me sintiera peor conmigo mismo, como, no sé, ya el abuso y el maltrato en la vida era como tan constante que yo sentía que lo merecía“, afirmó.
La enfermedad del corazón, que en teoría debía ser manejable, no lo era en su caso. Alejandro sufría síncopes, desmayos espontáneos, cada vez más frecuentes.
“Entrenaba básquetbol, era lo que me mantenía de pie. Fue difícil que me dijeran que ya no puedes hacer deporte por esto del corazón, fue como, ya no tengo como esto que me mantiene estable”, recordó.
Foto: Catalina Mairena.
El estrés académico tampoco ayudaba. No tenía tiempo para compartir con amigos, y estudiar incluso le provocaba desmayos. Los médicos le advirtieron que podía sufrir una muerte súbita.
Pero la operación que necesitaba era cara. La única opción viable era hacerla a través de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), lo cual significaba una larga espera.
“Era ese sentimiento de, en una de estas, me despierto o no me despierto y ya. Entonces todo fue como empeorando y empeorando. Pues yo me refugié en mi casa. No veía a nadie, no salía con nadie. Me sentía supermal conmigo mismo. Y, pues, no sé, comencé a buscar cosas que no tenía que”, mencionó.
La esperanza parecía alejarse más cuando recibieron una llamada avisando que su lugar en la lista de espera sería aún más lejano.
“Mis papás decidieron como no dejar que esta noticia fuese como peor. Entonces fueron a donde la Virgencita y rezaron mucho. Un día de la nada nos llamaron y nos dijeron: `Ven, ya tenemos todo listo y lo vamos a operar´”, comentó.
Alejandro no lo podía creer. Lo describió como una “locura”, una luz inesperada.
Pero tras la operación, vino otro infierno: la recuperación.
“Un proceso bastante difícil, porque justo el día después no podía moverme, no podía hacer absolutamente nada. Entonces estaba literalmente en cama, tipo hacer mis necesidades ahí y todo. Y justo todo ese mes era de no moverme, yo soy de moverme demasiado. Entonces fue horrible”, mencionó.
Cuando regresó a casa, lo que no esperaba era que, más allá del dolor físico, enfrentaría su crisis más profunda.
“No sé cómo explicar esto, pero como que comencé a escuchar cosas, mi cabeza me decía cosas que no tenía que hacer. Hasta pensé que estaba loco. Pasé por un proceso psicológico y psiquiátrico donde no me diagnosticaron esquizofrenia y no tenía nada de eso”, recordó.
En medio de esa confusión mental y emocional, intentó quitarse la vida. Su padre lo salvó, afirmando después que había sentido un impulso inexplicable de ir a verlo justo en ese momento.
En el hospital, los doctores estaban asombrados de que no tuviera daños graves tras el intento.
“Ellos me dicen como, eso no es posible, en esta condición deberías de tener alguna lesión grave. Me hicieron un TAC para ver si había algo. No había absolutamente nada”, destacó.
Alejandro fue internado en el hospital psiquiátrico por más de un mes. Fue una etapa dura. Sin acceso al mundo exterior, sin visitas frecuentes, decidió aferrarse a la fe.
“Decidí acercarme más a Dios. Todos los días rezaba en la mañana a mediodía y antes de dormir”, contó.
Y en medio de esa rutina, algo cambió: dejó de escuchar voces internas que lo atormentaban y comenzó a sentir la presencia de Dios.
Durante una visita familiar, le preguntó a su madre quién había estado en casa. Ella quedó perpleja, ya que no había manera que él supiera sobre eso.
“Mi mamá me dijo, alguien fue a la casa, puso sales exorcizadas, hizo oraciones por vos. Fuimos a la basílica y pusimos como una cabeza como en símbolo de mi estado mental y todo esto. Y yo lo sabía, porque Dios me lo había dicho”, afirmó el joven.
Su estado mejoró y recibió el alta médica. Pero una experiencia aún más poderosa estaba por llegar.
“Escuché algo. Fue una voz como de padre, pero muy fuerte. Y no era como esto de que tal vez lo escuchas en un texto o en una oración, o te pasa algo y entonces sientes la presencia de Dios, sino que literalmente lo escuché (…) me dijo, esto que estás pasando y todo lo que has vivido va a ser para ayudar a las personas”, contó.
Foto: Raquel Vargas.
Aquel mensaje le dio un propósito. Hoy Alejandro estudia psicología y quiere utilizar su historia para tenderle la mano a quienes, como él, han sentido que ya no pueden más.
Decidió también hacer la Romería a la Basílica de los Ángeles. En el pasado no podía por su condición, o la hacía sin entender del todo su significado. Ahora cada paso tiene sentido.