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A sus 22 años de edad el joven José Pablo Gil es un verdadero guerrero. Más allá de las pruebas que la vida le ha puesto en su camino, el destacado atleta da una lección de vida y le demuestra a más de uno que poder es querer.
Hace 5 años era una joven promesa del tenis nacional, jugó en más de una ocasión el torneo de la Copa del Café, donde llegó a renquearse como el número 1 de Costa Rica, también representó al país en la Copa Davis.
Su crecimiento en el deporte era acelerado y el futuro pintaba bastante bien, pues gracias a sus habilidades ganó una beca para estudiar en una universidad de Estados Unidos.
El viaje a Norteamérica estaba programado para agosto del 2016, dos días antes de montarse al avión salió a celebrar con sus amigos, porque estaba pronto a empezar una nueva etapa, pero ahí cambió todo.
Esa noche, cuando se dirigía en carro a su casa, en San Joaquín de Flores, sufrió un accidente de tránsito que modificó todos los planes. Sufrió una lesión medular completa que lo dejó sin movilidad del pecho hasta los pies.
“El cambio fue fuerte, pero para bien, me ha ayudado a entender muchas cosas, a completarme como persona, aún me falta mucho por aprender, pero esta experiencia me ayudó en muchas cosas, me recordó que soy una persona muy fuerte mentalmente, aunque llegué a un punto en que creí que no”, comentó Gil.
DE NUEVO A LA CANCHA
El tenis lo lleva en su sangre, y aunque aún no puede caminar, lo hace junto de su inseparable compañera: la silla de ruedas. “De las cosas más importantes es que pude ser deportista nuevamente, me puede demostrar que se puede hacer todo sin importar la condición en que estemos. Estoy contento con las cosas que me han pasado. He experimentado, he estado con mucha gente, conocí amigos nuevos, otros se fueron, supe cuáles son los de verdad”, acotó.
Desde hace 7 meses volvió a la cancha, entrena prácticamente todos los días con su padre, quien no lo deja desfallecer, los entrenamientos son rudos y bien planificados, pues la meta está muy bien definida.
“Siento que ahora tengo el chance, nuevamente, de llegar a algo que creía que se me escapaba, que es asistir a unos Juegos Olímpicos, porque ya iba para 22 años y me faltaba muchísimo por recorrer. Mientras estaba en el hospital, los primeros días del accidente, vi que este era un chance de cumplir ese sueño, ahora puedo ir a unos Juegos Paraolímpicos”, mencionó.
Vale mencionar que gracias a su esfuerzo día a día y la terapia, ha recuperado gran parte de la movilidad en el tronco.
FUERA DEL PAÍS
Del 5 al 10 de diciembre estará en Colombia disputando el Torneo Futuro, un certamen avalado por la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) para competidores en sillas de ruedas. Hace un mes José Pablo disputó un centroamericano en El Salvador y se coronó campeón, el mismo le sirvió de fogueo.
Este campeonato, en la tierra del café, lo ve como su mayor reto desde que regresó a las canchas, pues ahí se topará con los mejores del ranking mundial. “Va a estar el jugador número 1 de Colombia, me han hablado muy bien de él, en Sudamérica tienen un programa muy fuerte sobre sillas de ruedas, Argentina tiene varios top 20, entre ellos el número 1 del mundo, que van para este certamen, así como los brasileños que son fuertes. Quiero aprender de ellos y ganarles si es posible”, detalló.
Esto lo enfrenta como un preparativo para el 2018, donde piensa entrar con todo, pues quiere hacer varias giras, clasificar a los Panamericanos del 2019 y de ahí a los Juegos Paraolímpicos.
TAMBIÉN EN BALONCESTO
José Pablo Gil ha demostrado que es todoterreno. Aunque el baloncesto no fue su mayor pasión, ya que el fútbol era lo que más le motivaba después del tenis, ahora forma parte del equipo de Heredia de baloncesto en silla de ruedas.
Asegura que ahí ha encontrado una nueva familia. “Creo que me voy desempeñando bien, voy poco a poco, no tengo mucho de estar jugando, pero me siento muy cómodo. Por otro lado, estar con tantos amigos en la misma condición, que pasan situaciones difíciles y verlos disfrutar, a un lo llena”, adujo.
Agregó que de igual manera los compañeros de baloncesto han sido de gran ayuda, pues lo han enseñado a ser independiente. “Son personas que tienen bastantes años y llevan mucho tiempo en esto, me han enseñado a cómo manejarme en las calles y hasta en los baños que a veces no tienen condiciones para nosotros”, apuntó.
Gil cuenta que vive su día a día, no hace comparaciones entre su pasado y presente. Recalca que en cada una de estas etapas vivió experiencias muy bonitas y eso es lo único que importa.