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Los ticos no tenemos remedio, dejamos todo para último momento y peor aún: hacemos las cosas cuando el problema está encima. Un claro ejemplo de eso son los arreglos en las casas debido a las lluvias.
Ahora que los aguaceros nos acompañan desde temprano es cuando usted ve a todo mundo encima de los techos, viendo cómo tapan las goteras, jalando baldes para sacar el agua, con escobas y trapos luchando contra la entrada del líquido.
Pero ellos no son los únicos que dejan todo para el final. También las autoridades andan en carreras limpiando las alcantarillas, los ríos y cambiando tuberías que por años han dado problemas.
Lo que no sabemos es por qué toman las medidas hasta ahora cuando sabemos que siempre en mayo empieza a llover.
Lo peor de todo es que muchas familias siguen sufriendo con las precipitaciones, que año con año las dejan sin hogar, sin pertenencias. Toda esta agua se lleva hasta las ganas de luchar por un mañana mejor.
Imagínese usted qué cansado perder todo lo que arregló por las cabezas de agua. Que su esfuerzo termine lleno de barro, el cual cuesta quitar e incluso mancha.
Además, no olvidemos la cantidad de muertos que dejan esos fenómenos. No entendemos, si es un tema tan sensible, por qué no darle importancia, por qué no hacer los arreglos cuando toca, por qué esperar a tener literalmente el agua hasta el cuello para actuar.
Algo preocupante: quienes más sufren son los niños y adultos mayores, que por su condición dependen de terceros para lograr ponerse a salvo. Algunos han muerto ahogados, otros enterrados por un terraplén y también están aquellos que el corazón les ha jugado una mala pasada.
Nos cuestionamos por qué una vez más tiene que pagar alguien inocente. Los niños deberían estar preocupados solo por jugar y divertirse, no por situaciones que les atañen directamente a los adultos.
¿Qué han hecho las autoridades para solucionar el problema de los cientos de familias que con cada invierno lo pierden todo?
No han entendido que el remedio del problema no es habilitar albergues ni darles víveres, se necesitan soluciones tangibles para que este tipo de situaciones no siga repitiéndose con cada crecida de los ríos.
Ya es momento de dejar de pensar solo en nosotros para volver la mirada hacia esos grupos de personas que han estado en el olvido hace mucho tiempo y al parecer no tienen ni la mínima esperanza de que la situación cambie.
La indiferencia es un problema de la sociedad que aumenta dejando sin ninguna posibilidad de crecimiento a los más desprotegidos.
Es momento de que usted, yo y todos nuestros vecinos aprendamos a no dejar todo para el final; asimismo, no hay que ser cochinos ni tirar la basura. Cuando vemos que alguien tirar desechos, tal vez en ese momento no nos afecte en nada, pero en unos meses eso puede hacer que la ciudad se inunde y terminemos con el agua hasta el cuello.
Costa Rica debe estar preparada para afrontar la época lluviosa.