Estado, economía y pandemia

Cuando hablamos de Reforma del Estado nunca se menciona cómo el Estado beneficia o perjudica la economía, nunca se profundiza en por qué el Estado destruye las actividades económicas vía impuestos, prohibiciones o en procura de beneficiar otras áreas. Veamos una reseña histórica de nuestra hipótesis. Podemos afirmar que la historia económica del país se inicia con el café, después de la Independencia, con las pequeñas exportaciones a Chile y Europa, por mar, sacadas en carreta hasta Puntarenas. Ahí empieza nuestro comercio internacional, esta actividad ha continuado hasta nuestros días, con roya y falta de apoyo gubernamental ha sobrevivido la llamada “oligarquía cafetalera”, en el Valle Central, jugó un papel predominante en nuestra política nacional.

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Cuando hablamos de Reforma del Estado nunca se menciona cómo el Estado beneficia o perjudica la economía, nunca se profundiza en por qué el Estado destruye las actividades económicas vía impuestos, prohibiciones o en procura de beneficiar otras áreas. Veamos una reseña histórica de nuestra hipótesis.

Podemos afirmar que la historia económica del país se inicia con el café, después de la Independencia, con las pequeñas exportaciones a Chile y Europa, por mar, sacadas en carreta hasta Puntarenas. Ahí empieza nuestro comercio internacional, esta actividad ha continuado hasta nuestros días, con roya y falta de apoyo gubernamental ha sobrevivido la llamada “oligarquía cafetalera”, en el Valle Central, jugó un papel predominante en nuestra política nacional.

A finales del siglo XIX y con la llegada de Minor C. Keith se inicia el desarrollo bananero en el Atlántico, la construcción del ferrocarril y la actividad minera en Abangares, Guanacaste, primer enclave y emporio a gran nivel. Miles de trabajadores del Caribe y europeos, norteamericanos y asiáticos vinieron al territorio nacional, estas actividades decaen con la muerte del magnate. Sobrevive el cultivo de banano en la Zona Atlántica y piña en el norte del país que lucha contra los intereses medioambientalistas.

Nacen otras actividades en Costa Rica, la ganadería extensiva y los grandes latifundios -20 mil hectáreas- se inician en Guanacaste, parten de terrenos baldíos, contrabando de ganado desde Nicaragua, con agiotaje incluido; con el respaldo de la “hoja amarilla” surgen las primeras exportaciones de carne en canal a EE.UU., por la deforestación consecuente y las distribuciones hereditarias de la tierra fueron desapareciendo las ganaderías a gran escala, hoy la “cuna ganadera” se desplazó a las zonas Norte y Atlántica, nunca hubo apoyo del gobierno; murió el algodón, hoy subsisten la caña, el melón y la gran hotelería extranjera en La Pampa.

Con la entrada del Mercomún, en los años sesenta, se inicia la mediana industria de ensamblaje en el Valle Central, que murió en el caso de los textiles, hace unos 20 años, por dársele facilidad a la importación china y colombiana que quebró las maquiladoras costarricenses, que ante los bajos precios y con maquinaria vieja no pudieron competir.

Se intenta agricultura “de cambio” que se quedó abasteciendo el mercado interno, principalmente tubérculos, vegetales, frutas, legumbres, follajes, flores y otros que sobreviven. Continúan el comercio en auge, el miniturismo, la pesca y minería artesanal; se expanden las grandes plantaciones de arroz secano, quiebra por falta de políticas de gobierno, seguros, precios, falta de centros de acopio, insumos caros y el clima. Por lo demás, el Estado, vía políticos-importadores, lo trae más barato, hoy se habla de liberar el precio en perjuicio del productor y el consumidor nacional.

Se desfinancian adrede las empresas estratégicas del Estado, se quiebran -en 1978- con inflación del siglo incluida, que destruye todo lo que hay a su paso, salvo a políticos que compran dólares y se venden a industriales nacionales y extranjeros, hoy no tenemos cemento propio, para poner un ejemplo. En consecuencia, no hay programas de vivienda popular, carreteras de cemento, ni hospitales… Murió la construcción, uno de los grandes errores del Estado costarricense.

El segundo gran error de nuestra política económica fue la quiebra financiera de 1987, vía “dumping”, se destruyen empresas de intermediación financiera, empobreciendo a miles de pequeños ahorrantes, para dar lugar al Estado banquero. Nace la banca privada, de cuatro bancos privados hoy tenemos más de 50, con derecho a cuentas corrientes, compitiendo con la banca del Estado, que nunca se modernizó. De esta se adueñaron los grandes gerentes, con vocación de garroteras, corrupción y lavado de capitales. Hoy la banca privada es la que financia campañas políticas y único negocio en auge.

El tercer y el más grande error del gobierno, el Estado y los políticos es el que estamos viviendo hoy todos los costarricenses, con medidas sanitarias, alertas y restricciones poco técnicas y científicas como lo exige la ley. El Estado tiene postrado, de rodillas, a todo el sistema económico nacional, esta vez fue todo: quebraron las pequeñas y medianas empresas -pymes-, emprendedores, comerciantes, restaurantes, agricultores, pequeños y medianos industriales. La mitad de ellos no volverán a abrir.

El desempleo más alto de la historia, el hambre ronda los hogares costarricenses y de nuevo la hiperinflación acecha a la vuelta de la esquina, pareciera que no hay salida, pareciera que el gobierno actual desea una anarquía política, económica y social para justificar un gobierno de facto, un estado de sitio de hecho y un Estado totalitario.

Vamos muy mal, no hay oposición, esta se plegó al gobierno y la sociedad civil mira absorta, consternada, en shock, con desesperación e incertidumbre el accionar del gobierno con corrupción al tope. Qué hacer es la pregunta. El país vive sus horas más amargas, cruciales. Democracia o no democracia parece el dilema. ¿Llegaremos a celebrar el bicentenario de la democracia en democracia? Espero que tengamos elecciones, al menos.

 

*Abogado