Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
Los resultados de la Encuesta Internacional de Enseñanza y Aprendizaje (TALIS) deben ser leídos como una radiografía honesta del estado de nuestra docencia. Lejos de ser una lista de carencias, el estudio refleja la conciencia que tienen los maestros y profesores sobre los retos que enfrentan en las aulas del siglo XXI, en medio de un contexto que cambia a una velocidad vertiginosa.
Más de la mitad de los educadores costarricenses reconoce la necesidad de fortalecer su preparación para atender a estudiantes con necesidades educativas especiales, mejorar el manejo de herramientas digitales e inteligencia artificial, y desarrollar las habilidades socioemocionales del estudiantado. Es decir, piden capacitación no por comodidad, sino porque saben que sin esas herramientas es imposible ofrecer una educación moderna, inclusiva y adaptada a la realidad de sus alumnos.
Esa demanda es, en realidad, una señal positiva. Significa que quienes sostienen día a día el sistema educativo están dispuestos a actualizarse, a aprender y a adaptarse. El problema no está en la falta de voluntad, sino en las limitaciones que ellos mismos señalan: falta de tiempo, alto costo de las capacitaciones y choques con los horarios laborales. Obstáculos que, en muchos casos, terminan frenando la motivación o generando frustración en quienes más compromiso muestran con su labor.
Escuchar estas voces es esencial. Ninguna reforma educativa puede tener éxito si se diseña desde el escritorio y no desde el aula. Los docentes saben mejor que nadie qué funciona, qué falla y qué necesitan para mejorar. Por eso, las instituciones deben convertir estos resultados en políticas concretas, accesibles y sostenibles, que les permitan capacitarse sin sentirse sobrecargados o desprotegidos.
La educación inclusiva, el uso inteligente de la tecnología y la atención emocional del estudiante no son modas ni tendencias, sino componentes indispensables de una enseñanza moderna. Si queremos un sistema educativo que forme ciudadanos críticos, empáticos y preparados para los desafíos del futuro, debemos empezar por fortalecer a quienes los guían.
Invertir en el desarrollo profesional docente no es un gasto: es la mejor inversión que puede hacer un país. Los resultados de TALIS no deben verse como un diagnóstico pesimista, sino como una oportunidad para construir un sistema educativo más humano, equitativo y preparado para los tiempos que vivimos.
Escuchar a los docentes es, en el fondo, escuchar a nuestros estudiantes y al futuro de Costa Rica.