
París, Francia. (AFP). La tensión entre Irán y Estados Unidos volvió a escalar en las últimas horas, a tan solo tres días de que expire el alto el fuego vigente, en un contexto marcado por acciones militares, amenazas directas y movimientos diplomáticos que mantienen en vilo a la comunidad internacional.
Uno de los hechos más relevantes fue la intervención de la Armada estadounidense contra un carguero iraní en el Golfo de Omán. Según el presidente Donald Trump, el buque, identificado como “Touska”, intentó romper el bloqueo marítimo impuesto por Washington, por lo que un destructor abrió fuego contra la sala de máquinas antes de tomar el control de la embarcación.
A este incidente se suman reportes de disparos de advertencia contra un buque de la naviera CMA CGM en el estratégico estrecho de Ormuz, lo que evidencia el alto riesgo para la navegación comercial en una de las rutas más importantes del comercio mundial.
En paralelo, Teherán anunció que, por ahora, no participará en nuevas rondas de diálogo con Washington, lo que complica los esfuerzos por detener la crisis. Sin embargo, Estados Unidos confirmó el envío de una delegación a Pakistán para retomar negociaciones. Esta misión estará encabezada por el vicepresidente JD Vance, acompañado por figuras clave de la diplomacia estadounidense.
El propio Trump advirtió que, si las conversaciones fracasan, su gobierno podría atacar infraestructura crítica iraní, incluyendo centrales eléctricas y puentes, lo que elevaría significativamente el nivel del conflicto.
En el ámbito diplomático, Pakistán intenta posicionarse como mediador. Su primer ministro, Shehbaz Sharif, sostuvo una conversación con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, reafirmando su disposición para facilitar un acuerdo que garantice la estabilidad regional.
Mientras tanto, Europa también entra en escena. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, anunció que solicitará a la Unión Europea romper su acuerdo de asociación con Israel, acusándolo de violar el derecho internacional, lo que generó una fuerte reacción diplomática.
El conflicto también comienza a tener repercusiones fuera de la región. En el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer expresó su preocupación por una serie de ataques incendiarios con tintes antisemitas en Londres, mientras las autoridades investigan posibles vínculos con Irán.
Por su parte, Teherán denunció que el bloqueo naval estadounidense constituye una violación del alto el fuego y lo calificó como un acto “ilegal y criminal”, al considerar que afecta directamente a la población civil.
En este escenario de creciente tensión, Israel también endureció su postura. Su ministro de Defensa autorizó el uso de “toda la fuerza” en Líbano ante cualquier amenaza, incluso en medio del cese de hostilidades, lo que abre un nuevo frente potencial en la región.
Con negociaciones inciertas, amenazas cruzadas y acciones militares en curso, el conflicto en Oriente Medio se encuentra en un punto crítico, con el riesgo latente de una escalada que podría tener consecuencias globales.