Entre líneas y latidos

¿Cómo está?

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En las últimas semanas, varias personas me han llamado o escrito para hacerme una pregunta sencilla: “¿Cómo está?”.

La pregunta se ha repetido lo suficiente como para hacerme pensar.

Supongo que algunas de mis últimas columnas han dejado entrever un proceso personal más introspectivo de lo habitual.

Y la respuesta es mucho más sencilla de lo que quizá parece: estoy bien. Estoy viviendo un proceso de cambio e intentando asimilarlo de una manera saludable.

Muchas de estas cosas normalmente se escriben en un diario personal o se conversan únicamente con quienes forman parte de nuestro círculo más cercano. Sin embargo, mi hija me ha enseñado algo que todavía sigo aprendiendo: también se necesita valentía para mostrar la vulnerabilidad.

Y quizá esa sea una de las razones por las que he seguido escribiendo.

A partir de mensajes, comentarios y conversaciones que he recibido después de algunas de estas columnas —muchas de las cuales no me pertenecen y, por supuesto, no puedo compartir— he comprendido algo que quizá debería resultar evidente, pero que a veces olvidamos: somos mucho más parecidos de lo que creemos.

Las pérdidas, los cambios, las decepciones, los miedos, las incertidumbres y la necesidad de volver a empezar no distinguen cargos, profesiones, edades ni posiciones sociales.

A veces construimos una imagen de los demás que nos hace pensar que ciertas personas no sufren, no dudan o no atraviesan momentos difíciles. Quizá porque las vemos trabajando, tomando decisiones, sonriendo, cumpliendo responsabilidades o simplemente continuando con su vida.

Pero detrás de cualquier posición siempre hay un ser humano, y eso explica, en buena medida, por qué continúo escribiendo.

No porque considere que mi experiencia tenga respuestas para la vida de alguien más. Mucho menos porque crea que exista una fórmula para enfrentar las dificultades. Escribo porque una idea, un verso, una conversación o una experiencia compartida puede encontrarnos precisamente en el momento en que necesitábamos escucharla.

Lo sé porque también me ha ocurrido.

Y porque algunas personas me han hecho saber que, al leer algo que escribí, encontraron palabras para algo que ellas mismas estaban sintiendo. O simplemente descubrieron que alguien más había atravesado dudas, pérdidas, cambios o procesos parecidos a los suyos.

Eso tiene valor.

Quizá alguien pueda leer una reflexión y pensar: “Si ella también atravesó algo así y pudo continuar, quizá yo también pueda hacerlo”.

Y creo que también debemos aprender a hablar con mayor naturalidad sobre nuestro bienestar emocional.

Estar bien no significa vivir permanentemente sin preocupaciones, pérdidas, temores o incertidumbres. Podemos estar bien y, al mismo tiempo, atravesar un momento difícil. Una cosa no contradice la otra. Es parte de ser humanos.

Cuidarnos implica reconocer lo que sentimos, desarrollar herramientas para enfrentar las distintas etapas de la vida y saber pedir apoyo cuando lo necesitamos. Hablar de ello no debería ser motivo de vergüenza ni convertirse en una etiqueta sobre una persona.

Tampoco toda tristeza es una enfermedad, ni todo momento difícil significa que algo está mal con nosotros. La vida también tiene etapas que duelen, decisiones que cuestan, despedidas que debemos procesar y cambios que necesitan tiempo para encontrar su lugar.

Algunas circunstancias pasan. Otras nos transforman. Y algunas requieren ayuda para poder atravesarlas. Lo importante quizá sea no sentir que debemos esconderlas para demostrar fortaleza, porque ser vulnerable no significa dejar de ser fuerte. Tal vez sea simplemente permitirnos ser humanos.

Así que, para quienes me han preguntado con genuino cariño y preocupación: sí, estoy bien. Estoy viviendo cambios. Estoy aprendiendo. Estoy procesando algunas cosas y disfrutando otras. Estoy cerrando etapas mientras comienzo nuevas.

Y seguiré escribiendo. Habrá otras historias, otros paisajes y otras preguntas. Hoy estas palabras nacen de lo que estoy viviendo; más adelante, quién sabe.

Todavía hay mucho por descubrir y mucho que contar.