
Muchas parejas tienen problemas para asumir la vida sexual en el día a día. De alguna manera no encuentran el espacio que dé cabida a los encuentros íntimos. Como que a lo largo del día no existen las condiciones para hacer florecer el amor. Es claro que en nuestra sociedad existe el deseo de los amantes de contar con cierto grado de privacidad y a veces no se tiene esa intimidad tan necesaria.
Para la pareja hacerlo “en carrera”, hacerlo a hurtadillas, hacerlo “de a callado” es válido como una travesura ocasional, pero es tedioso y agobiante cuando no hay otra forma de hacer el amor. Sea que la relación dure unos segundos o se prolongue por horas, las parejas necesitan tener el tiempo a su favor.
No se puede estar pensando en plazos, segundos o minutos. El amor debe durar lo que tenga que durar, y es fundamental que si el placer se prolonga, se tenga todo el tiempo del mundo. Más grato aún es cuando, después de la relación sexual, se desencadena un breve periodo de un sueño reparador y refrescante, que descansa y reactiva.
De igual modo, la pareja debe tener la posibilidad de jadear, suspirar, gemir, sollozar y hasta gritar con toda libertad. Los amantes quieren y requieren sumergirse de lleno en la sensualidad del amor, y eso implica perder el contacto con el mundo exterior.
El amor no puede ser entrecortado, a escondidas, con reparos y mucho menos bajo el temor a que sea evidente para terceros. Se comprenderá la congoja experimentada cuando la relación debe ser apurada para que nadie se dé cuenta en la casa.
El sobresalto de la pareja es enorme cuando tocan la puerta del cuarto justo en media relación sexual o cuando el encuentro íntimo tiene que ser en silencio porque los sonidos del amor se escuchan en el resto de la casa. Peor aún resulta cuando todos en la casa se acostumbran a entrar al cuarto marital y hasta extrañan y protestan cuando está cerrado. Muchos creen que el amor se pierde con el tiempo, que por estar casados aflora el aburrimiento, que por vivir mucho tiempo juntos se pierde la magia. Eso rara vez sucede. Lo que ocurre con frecuencia es que las parejas descuidan la intimidad, no preservan los espacios para tener relaciones, se concentran en la vida familiar y se despreocupan del vínculo de pareja. Estos signos de desatención afectan considerablemente la esfera sexual. A veces se llega al extremo de que él, ella o ambos tienen tiempo para todo menos para el amor.
Los hijos, la familia y los amigos son muy importantes en la vida, pero debemos saber compaginarlos de tal forma que no representen una amenaza para la intimidad. Las parejas que van distanciando las relaciones sexuales se van habituando a vivir sin sexo. El cuerpo no les pide. Las ganas se esfuman. Se pierde el hambre sexual.
Hoy sabemos que pasar largos periodos sin contar con ese tiempo solo para dos tiene además repercusiones emocionales. El vínculo se debilita y la relación se vuelve más proclive a los conflictos, los roces y los malentendidos. Hay que sacar tiempo al tiempo. Hay que darle su lugar al amor.