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Dentro de los grandes invitados a los 32 años de La Caribeña, encontramos a Roberto Cuéllar, exdirector del Instituto Latinoamericano de los Derechos Humanos.
¿La Caribeña en su vida?
-Es un lugar muy bonito. Yo quiero mucho a la familia de don Fernando Allen. Vimos una progresión de la cultura negra en San José. Todos los cursos Instituto Latinoamericano de los Derechos Humanos con gente de Centroamérica y el Caribe terminaban de alguna forma en La Caribeña. Aquí terminaban las discusiones e iniciaban las ilusiones.
¿Alguna anécdota?
– En 1993 estábamos en la preparatoria de la Conferencia Mundial de los Derechos Humanos en Viena, y se le pidió al Instituto que hiciéramos una consulta con todas las organizaciones internacionales no gubernamentales de América Latina. Vinieron las delegaciones de Cuba y Amnistía Internacional, que aparentemente eran enemigos enfrentados. No llegamos a un acuerdo en la declaración y estábamos todos en el Hotel Herradura. Me acuerdo que los trajimos acá a La Caribeña y entre la música y el baile, más las atenciones de don Fernando, logramos firmar el acuerdo horas después. Yo creo que eso se llama afroterapia
¿Otra que recuerde?
-Cuando vino la primera vez al país el famoso juez internacional Baltazar Garzón. En el año 2000 venía de condenar a Pinochet. Me acuerdo que estaba por dos días para dar una conferencia. Me dijo que no quería diplomacia y me lo traje con los guardaespaldas. Quedó feliz. La Caribeña es un lugar de ilusiones y esperanzas.