
Los índices de criminalidad, narcotráfico, homicidios, préstamos gota a gota y otros delitos derivados han incrementado el número de denuncias y homicidios, que llegan a 796.
Según datos del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), en 2022 se registraron 413 denuncias, mientas que en lo que llevamos del año se contabilizan 622, es decir, 209 más.
En su mayoría responden a hechos en los que varios sujetos no identificados llegan a cobrar de forma violenta, los deudores dicen ser víctimas de intimidación y agresión verbal, incluso física.
Noviembre de 2022 reveló un leve aumento de 57 casos, número que disminuyó para diciembre, pero en enero del 2023 repuntó. Solo durante ese mes se contabilizaron 71 denuncias relacionadas con gota a gota.
Una de las particularidades que muestra este estudio es que esta clase de delitos están relacionados con ciertos días de la semana; en otras palabras, hay días en que se incrementan los casos.
Se determinó que estos hechos aumentan los lunes y miércoles, mientras que los fines de semana son los días que se registran menos delitos asociados al gota a gota.
Por otra parte, también se mostró que la provincia que más delitos registra en cuanto a esta modalidad criminal es San José. En 2022 la capital registró 325 casos, mientras que en lo que va del año suman 402.
En segundo lugar, se encuentra Cartago con 130 casos en lo que llevamos del año, mientras que en 2022 apenas llegaron a 34.
En la tercera posición está Alajuela con 66 denuncias, 44 más que el año anterior.
Por último, se halla Heredia con 78 en lo que llevamos 2023, 48 más que en 2022.
Los cantones de la capital que más casos registran son el cantón central de San José y Desamparados, que contabilizan 135 y 80 denuncias, respectivamente.
MIEDO Y VIOLENCIA
Una mujer a la que por su seguridad llamaremos Sara conversó con DIARIO EXTRA sobre su caso y cómo llegó a caer en los tentáculos de los préstamos gota a gota.
Ella narró cómo un día, con la intención de mejorar sus finanzas, solicitó un crédito a una de estas organizaciones, decisión que le quitó la paz y le salió el doble de caro.
“Nosotros pedimos un dinero porque queríamos tener más entraditas de plata. Queríamos montarnos un negocio propio, uno de mis hijos perdió el trabajo, entonces pensamos que era lo mejor, pero fue lo más duro.
Pedimos ¢4 millones, el negocio no funcionó. Diay, los negocios son así, y nos tocó seguir pagando el préstamo”, narró.
La violencia e intimidación se convirtieron en un suplicio para Sara, pues saldar la cuenta con los criminales no fue suficiente y la pesadilla continuó.
“Yo pagaba ¢100.000 por semana. Ellos empezaron a venir a cualquier hora, a cobrar en el portón. Empezaron a venir más hombres y más cobradores, a veces no tenía el dinero y ya al día siguiente eran ¢50.000 más.
La cuestión es que terminamos de pagar los ¢4 millones y siguieron cobrando. Ya vamos pagando ¢19 millones. Yo les he pedido llorando que ya paren, pero me amenazan a los hijos”, agregó.