
Lo que comenzó como una reinvención profesional tras la caída de un negocio publicitario, se convirtió en un proyecto de vida impulsado por el gusto por la naturaleza y el deseo de emprender.
Así nació Butterfly Kingdom, un mariposario ubicado en Escazú, creado en 2011 por Anabelle González e Ileana Alfaro, dos mujeres que, con más de 40 años en ese momento, decidieron cambiar de rumbo y apostar por una iniciativa tan colorida como desafiante.
Las emprendedoras iniciaron con un curso sobre la cría de mariposas en el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), que las llevó a especializarse en la producción de pupas para exportación.
Gracias a su esfuerzo, consiguieron clientes en países como Austria, Rusia, Países Bajos, Ucrania, Alemania y España.
“Todo iba muy bien hasta la pandemia. Ahí la exportación se nos cayó”, recordó González.
La adversidad, sin embargo, les abrió una nueva oportunidad al aprovechar el flujo de visitantes locales e internacionales para complementar el mariposario con un restaurante.
“Cobramos una entrada muy baja por el mariposario, pero veíamos que las personas se iban a gastar mucho más dinero en restaurantes cercanos. Entonces decidimos que debíamos aprovechar esa área también”, explicó González.
Con apoyo de un crédito para pymes del Banco Popular, ambas construyeron un restaurante que hoy opera como parte integral del concepto de Butterfly Kingdom.
El lugar ahora cuenta con tres áreas como lo son el mariposario, el local y una tienda de artesanías donde también se exhiben productos de mujeres artesanas de Escazú que no tienen otros espacios para vender.
Aunque actualmente la exportación de pupas ha disminuido, las emprendedoras aún exportan alas de mariposa a España, donde se transforman en joyería artesanal.
Las alas se extraen de mariposas que mueren de forma natural y en buen estado, respetando los ciclos vitales de estos insectos.
Ecosistema en Escazú
Butterfly Kingdom alberga una variedad de especies de mariposas costarricenses, como la icónica Morpho Azul, entre otras 30 especies que se exhiben dependiendo de la temporada.
Aunque antes producían sus propias pupas, ahora trabajan directamente con familias productoras de distintas regiones del país, generando encadenamientos productivos con comunidades rurales.
“Antes producíamos, pero eso requiere mucho terreno, muchas plantas y es un proceso delicado. Ahora compramos a pequeños productores. Hay todo un encadenamiento desde zonas rurales hasta acá”, explicó.
Las mariposas nacen en el mariposario y son cuidadas hasta completar su ciclo de vida, brindando a los visitantes una experiencia educativa.
Presentaron dificultades
A pesar del éxito alcanzado, las emprendedoras no esconden las dificultades que han enfrentado. La tramitología, los permisos municipales y la falta de apoyo han sido obstáculos constantes.
“La experiencia ha sido de terror. Nos han hecho renovar la patente cada tres meses, nos pusieron obstáculos con el restaurante y nos negaban licencias porque estamos en zona residencial”, señaló.
Ambas obtuvieron la declaratoria turística del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), lo que les permite operar con más tranquilidad. También destacan el apoyo constante de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer), especialmente durante su etapa de exportación.
A pesar de las adversidades, González no duda en la importancia de ser perseverante. “Perseveren. Van a tener mucho en contra. Nosotros hemos enfrentado competencia desleal, obstáculos y presión de grandes exportadores. Pero si se tiene fe y ganas, se puede salir adelante. El país necesita más emprendimientos como este, que unen sostenibilidad, educación, cultura y turismo”.

