
Los estudios sobre las causas de la pobreza, la insatisfacción de necesidades básicas y los problemas de planificación, gestión, ejecución y evaluación de políticas para la lucha contra la pobreza y el desarrollo social, elaborados por organismos internacionales y la Red Latinoamericana de Universidades por el Emprendedurismo Social, coinciden en que aún persisten inequidades estructurales e históricas de acceso, que mantienen a grupos específicos viviendo en condiciones de pobreza, vulnerabilidad y exclusión.
Si bien debemos pensar lo social en un marco más amplio e integral de desarrollo humano sostenible, lo cierto es que son estos grupos, los que generan sus propias iniciativas de inclusión, principalmente de carácter socio-laboral, acompañadas por el Estado.
Sus innovadoras estrategias de inclusión, deben encontrar un efectivo respaldo en políticas públicas conceptualizadas bajo el enfoque de los derechos humanos, no sólo para reducir la discriminación y la desigualdad, sino que principalmente para promover el progresivo ejercicio de su derecho al desarrollo.
Los diversos emprendimientos creados por hombres y mujeres de todo el mundo, producen valor económico, pero principalmente valor social, proponiendo soluciones que benefician a la colectividad, no sólo al grupo meta, cooperando con el desarrollo de la sociedad en su conjunto y en la generación de riqueza en una nueva economía. Por ejemplo, en el campo de la vivienda social, en varios países latinoamericanos se han creado iniciativas de construcción mixta por medio de cooperativas y fundaciones.
La versatilidad organizativa que ofrece el emprendedurismo social, es una consecuencia directa de su gestión democrática y participativa, vale decir, inclusiva, que permite el florecimiento de las iniciativas locales y de la sociedad civil, pero principalmente se ha dado por su vocación de servicio a la comunidad.
A la micro y la pequeña empresa social, no le es nada fácil conciliar el servicio a la comunidad con la autosostenibilidad, pero aún con niveles de inversión, empleo y pobreza relativamente estancados producto de la crisis, hoy resulta propicio impulsar al emprendedurismo social con políticas públicas más efectivas, especialmente en la inversión en formación del capital humano, en el equitativo acceso a los recursos financieros y nuevas tecnologías y conectando más emprendimientos sociales con transparentes sistemas públicos de compras de bienes y servicios, así como a encadenamientos productivos para el mercado nacional y de exportación, que generen empleo decente e ingresos para las personas excluidas.
Cada vez más se unen a esta filosofía, empresarios que muy comprometidamente asumen su responsabilidad corporativa, compartiendo sus utilidades con visión de desarrollo social, creando oportunidades para grupos excluidos o vulnerables como: mujeres, jóvenes y personas con discapacidad, invirtiendo en lo ambiental o impulsando proyectos de vivienda sostenible.
El acelerado deterioro del ambiente y los inevitables efectos que ya empieza a provocar el cambio climático, crean una ventana de oportunidad para extensas redes nacionales e internacionales de micro y pequeñas empresas sociales. Frente al cambio climático ¡emprendedores sociales como agentes de cambio!
En el modelo de gestión y de negocios del emprendimiento de impacto social, muy frecuentemente se establecen nuevas redes de información, asesoramiento, producción y cooperación, así como de alianzas intersectoriales entre el estado, la sociedad civil, la academia y la empresa privada, para potenciar sinergias para el cambio social.
Las y los emprendedores sociales ciertamente no van a transformar al mundo de inmediato, pero con su renovada visión empresarial, sí tienen suficiente capacidad para aportar soluciones a los problemas sociales. Al fin de cuentas, en la esencia del emprendedor social, la pasión, el desafío y la innovación le son inherentes.
* Ministro de Vivienda y Asentamientos Humanos