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La tasa de desempleo nacional fue de 9,6%, según la última Encuesta Continua de Empleo, y ese dato no es para rajar. Se trata de una de las tasas más altas según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).
Todavía peor se vuelve si se ve por género. La tasa masculina se estimó en 8,0% y la femenina en 12,1%. Eso implica que hay 109 mil mujeres, muchas jefas de hogar, que hoy no tienen cómo llevar un sustento a su familia.
Adicionalmente, se estimó que la población con un empleo informal, es decir que trabaja sin cotizar a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) para un seguro de salud o un fondo de pensiones hoy suma a 832 mil personas.
Estas tampoco están cubiertas por un seguro de riesgos del trabajo y muchas veces por necesidad deben aguantar condiciones precarias para llevar pan a la mesa.
Del empleo informal, 525 mil correspondieron a hombres y 307 mil a mujeres. Esto implica que, del total de personas ocupadas el 39,2 % se clasificó bajo estas condiciones.
Otro dato preocupante es el subempleo a nivel nacional, que se estima en un 6,5% y se refiere a las personas que quieren trabajar más horas y no encuentran dónde.
Al igual que en los otros indicadores serían las mujeres quienes llevan la peor parte, pues laboran en esa situación un 8,4%, contra la población masculina que ronda el 5,3%.
Por otra parte, los datos arrojan que existe poca creación de puestos de trabajo, entonces podemos hablar de un mercado estable, con poca evolución y que, aun cuando no desmejora, las explicaciones para hablar de una mejoría son confusas.
Sería interesante que alguna institución gubernamental o académica nos pudiera explicar qué está ocurriendo realmente, pues también tenemos indicadores que nos dicen cómo baja el desempleo, pero a la vez hay más gente buscando trabajo.
Otra de las dudas es ¿dónde se está generando la mayor parte del desempleo?, ¿y en qué áreas? Si no tenemos un diagnóstico, es evidente que no podremos atacar el problema.
Hay carreras que definitivamente ya no tienen acogida, pero de eso hablaremos en otra oportunidad… Sin herramientas ni la formación adecuada para las empresas, no podremos bajar el desempleo.
Entonces sí, la tasa obtenida es la más baja en los últimos cinco años en desempleo, pero en definitiva no es una cifra para rajar. Existen factores que pueden haber influido, los cuales van desde la pandemia hasta el regreso al trabajo presencial.
No son elementos sueltos, se torna necesario ver integralmente qué es lo que ocurre. Urge una solución, sobre todo en zonas rurales donde cada vez las oportunidades son menores.
Cabe recordar que la mejora en las cifras de empleo también se debería traducir en un incremento de los ingresos del Gobierno y un mayor progreso para país y, si hemos logrado ser un ejemplo en la baja en la inflación, ¿por qué no ponernos de meta entrarle a materia de empleo?
Es cierto que existen estrategias encaminadas a esto, pero solo el tiempo dirá si se requería esfuerzos adicionales para alcanzar esa solución.