
Ese potencial por descubrir
A lo largo de la historia, la sexualidad siempre fue un asunto de hombres, al menos en las principales civilizaciones. Se fue conformando la idea de que el título de sexo fuerte correspondía al hombre. La mujer siempre fue relegada y, con suma ligereza, se la señaló como el sexo débil. Los varones han hablado a los cuatro vientos de sus proezas sexuales, haciendo gala de esa supremacía sexual.
En los años 60 del siglo anterior, los resultados de las investigaciones del grupo de Missouri sorprenden a la comunidad internacional. Dejaron claro que el potencial sexual de la mujer supera con creces al equivalente masculino. El varón será superior en materia económica, en asuntos políticos, en aspectos bélicos, pero no en la cama. Ese legado de Missouri señala que la tal supremacía masculina es una falacia repetida por doquier sin ningún fundamento.
Según lo demostraron esos estudios, la mujer puede experimentar una infinidad de orgasmos en cada relación sexual. El cuerpo femenino es un auténtico campo minado, por el cual la estimulación adecuada genera sacudidas gratificantes de placer. Por su parte, el varón solo puede experimentar un orgasmo en cada encuentro sexual.
De igual forma, la fisiología femenina está diseñada para tener una experiencia erótica continua. Es decir, una vez terminado el acto sexual, la mujer está en capacidad de mantener otro sin realizar una pausa; no requiere un descanso entre una relación sexual y otra. En el caso del varón, como se sabe, después de eyacular pasa por una etapa llamada periodo refractario, en el cual pierde la erección y necesita un tiempo variable para conseguir una nueva erección firme que le posibilite la penetración.
Estos datos nos hablan de las marcadas diferencias entre un hombre y una mujer desde el punto de vista sexual, y evidencian que la sexualidad femenina despunta por mucho con respecto a la del varón. Adicionalmente, el orgasmo masculino suele ser de un solo tipo: una sacudida intensa y breve, llamada orgasmo en espiga o latigazo. En las mujeres, el panorama es mucho más florido. Ellas pueden experimentar diversos orgasmos: el de espiga, similar al del varón, múltiples descargas orgásmicas, denominadas orgasmos polipunta, y un orgasmo prolongado llamado orgasmo en meseta o estatus orgásmico.
Por eso, resultan preocupantes los datos de las casuísticas occidentales: porcentajes importantes de mujeres no disfrutan la mayoría de las relaciones sexuales; la satisfacción sexual pasa de largo en la vida de muchas y muchas mujeres.
Este panorama femenino tan adverso afecta a ambos miembros de la pareja y suele estar condicionado por el desconocimiento de todo lo que la ciencia puede aportar en materia sexual. Hoy el nuevo hombre le da una importancia capital al placer femenino y no se conforma con su propio disfrute, sino que pregunta y goza con el deleite femenino.
Por eso debemos insistir: los abordajes científicos nos permiten resolver la mayoría de los problemas sexuales femeninos.