
Hay técnicos que viven los partidos… y después está Hossam Hassan, el entrenador de Egipto.
Cada presentación de los africanos en este Mundial parece tener dos encuentros: el que ocurre dentro de la cancha y el que protagoniza su entrenador fuera de ella.
Protesta cada decisión como si estuviera jugando la final, abraza árbitros en medio de los reclamos, corre de un lado al otro del área técnica, amaga con patear botellas o golpear cualquier objeto que se cruce, pero justo antes de hacerlo entra en razón y se contiene. Un personaje imposible de ignorar.
Su intensidad llega a niveles difíciles de explicar. Si el árbitro toma una decisión que no le gusta, el reclamo no se queda ahí, también gira y les reclama a sus propios jugadores como si ellos hubieran tenido algo que ver.
Y cuando Egipto marca o falla, tampoco hay protocolo. Sus futbolistas nunca saben qué viene primero, si una felicitación, un abrazo descontrolado o un regaño con gestos incluidos.
Como si eso fuera poco, a su lado aparece su asistente técnico, una especie de versión miniatura del entrenador. Reacciona igual, protesta igual y hasta copia los movimientos. Por momentos parecen estar sincronizados.
Mientras miles viven el Mundial desde la grada, el técnico egipcio parece vivir diez partidos al mismo tiempo. Egipto sigue avanzando, pero su entrenador ya ganó algo: convertirse en uno de los personajes más virales y entretenidos de todo el torneo.

