El verdadero costo de las presas: Tiempo, productividad y calidad de vida

Opinión

Fecha de publicación:

Fecha de modificación:

Jeter Palomo

Profesor y experto en Relaciones Internacionales

“Qué pereza, hoy había demasiada presa”. Lo decimos como si fuera inevitable. Llegamos tarde, cansados, frustrados y al día siguiente repetimos la misma rutina.

Quizá ese sea el verdadero problema: hemos convertido una disfunción en normalidad.

Una estimación difundida por la Universidad Nacional en 2026 señaló que los costarricenses pueden pasar alrededor de 27 días al año desplazándose en vehículo. Casi un mes. Más allá de la cifra exacta, la pregunta debería incomodarnos: ¿cuánto de nuestra vida estamos entregando simplemente para llegar de un lugar a otro?

Costa Rica es pequeña en kilómetros y enorme en tiempos de desplazamiento. Recorrer diez o quince kilómetros puede tomar una hora o más en hora pico.

Y una presa no termina cuando llegamos a casa. Llegamos con menos energía para trabajar, estudiar, ejercitarnos, descansar o compartir con nuestra familia.

No es solamente tráfico. Es capital humano desperdiciado.

El costo también es económico. El Estado de la Nación reportó que solo los ingresos empresariales perdidos por problemas de transporte en 2024 equivalieron al 1,58% del PIB.

Pero incluso ese número se queda corto. ¿Cuánto vale una hora diaria que una madre podría pasar con sus hijos? ¿Cuánto vale llegar a trabajar con energía en vez de comenzar la jornada agotado? ¿Cuánto vale poder estudiar, hacer ejercicio o simplemente descansar?

Tampoco podemos culpar al ciudadano por utilizar su automóvil.

Una encuesta a 1.025 personas sobre transporte público en San José encontró que el principal aspecto a mejorar era llegar más rápido al destino. La lógica es sencilla: si el carro tarda cuarenta minutos y el bus una hora y veinte, requiere transbordos y queda atrapado en la misma presa, el sistema incentiva utilizar vehículo privado.

La seguridad también importa. Un estudio exploratorio de la UCR publicado en 2026 encontró que cerca del 40% de 96 lideresas consultadas se sentía insegura o vulnerable al usar autobús.

No podemos pedirle a alguien que deje su carro si la alternativa significa esperar de noche en una parada oscura, sin saber cuándo llegará el próximo bus y sintiéndose inseguro.

Por eso la solución no puede reducirse a otro carril exclusivo. Puede ayudar en ciertos puntos, pero una red fragmentada seguirá siendo una red fragmentada.

Costa Rica necesita pensar la movilidad como un sistema: trenes, tranvías, buses alimentadores, carriles prioritarios, estaciones seguras, rutas peatonales, pago integrado, información en tiempo real y conexiones eficientes.

La experiencia de ciudades como Berlín, Viena, Zúrich o Medellín demuestra algo importante: no existe una tecnología mágica. Existe una red que permite al ciudadano confiar en que llegará.

Saber que el tren llega en cinco minutos y que el trayecto dura treinta permite organizar el día. No saber si un viaje tomará cuarenta minutos o una hora y media obliga a planificar la vida alrededor de la incertidumbre.

Transformar la movilidad requiere un enfoque multidisciplinario. Infraestructura sin seguridad fracasa. Tecnología sin planificación fracasa. Un tren rápido sin conexiones fracasa. Una estación moderna rodeada de inseguridad también fracasa.

Necesitamos ingeniería, urbanismo, tecnología, seguridad, educación, cultura ciudadana y coordinación institucional trabajando juntas.

El ciudadano no necesita que el Estado le pida dejar el automóvil. Necesita que le construya una alternativa suficientemente buena para que quiera dejarlo.

Vivimos en un país extraordinariamente rico en naturaleza, con playas, volcanes, bosques y parques nacionales a distancias relativamente cortas. Pero para muchos atravesar la GAM consume tanta energía que disfrutar del país termina reservado para cuando sobra tiempo.

El objetivo de transformar la movilidad no debería ser mover más carros. Debería ser devolverle tiempo y calidad de vida al costarricense.

Una hora menos de presa puede significar una hora más con nuestros hijos, haciendo ejercicio, estudiando, descansando, produciendo o simplemente viviendo. Las presas no son solamente un problema de infraestructura. Son un problema de tiempo.

Y el tiempo, a diferencia de una carretera, no podemos reconstruirlo después.

Costa Rica puede vivir mejor. Pero primero tenemos que dejar de aceptar como normal aquello que claramente no debería serlo.