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La convivencia diaria con ciertas realidades muchas veces nos oculta cuán importantes resultan para el desarrollo de la vida. Esa rutina nos impide reconocer que algunos recursos, como el suelo, tienen una función capital en áreas vitales para la sociedad como la agricultura, la construcción de obras de infraestructura o el suministro de agua para citar únicamente tres casos.
Puede ser que esa presencia tan obvia y cotidiana dentro de nuestro entorno, por ser el ente sobre el que estamos y caminamos desde que nacemos, haya hecho que nos cueste tanto reconocer el papel fundamental que el suelo juega en la sostenibilidad de la vida en el planeta.
Este recurso -que la mayoría de las veces lo llamamos “tierra”, “polvo” o pensamos únicamente sirve para ensuciar nuestra casa, zapatos o ropa- provee el 90 por ciento de los alimentos que consumimos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) declaró el 2015 como el Año Internacional de los Suelos que será festejado cada 5 de diciembre con una serie de iniciativas de educación, investigación y divulgación.
En el caso de nuestro país nos uniremos a este valioso esfuerzo el próximo 18 y 20 de marzo cuando un grupo de más de 200 participantes compartiremos con expositores expertos de India, Estados Unidos, Alemania, Brasil, Cuba, México y Costa Rica en el VIII Congreso Nacional de Suelos (www.congresosuelos.com).
Debemos aceptar de manera urgente que el suelo es un recurso limitado y frágil que se encuentra bajo una presión creciente y que se puede perder en forma permanente con mucha facilidad si es manejado de forma incorrecta.
Costa Rica tiene la particularidad de que a pesar de ser un país pequeño, su diversidad en topografía, clima y materiales originadores, ha hecho que posea una inmensa variabilidad de suelos.
Las pendientes muy pronunciadas así como la alta pluviosidad se convierten en dos factores naturales que incrementan la erosión que, junto con suelos desnudos sin cobertura y una preparación inadecuada, se convierten en una combinación desastrosa que ocasiona pérdida de miles de millones de colones.
Es hora de pasar a la ofensiva en relación con el uso del suelo, dejar a un lado las políticas de corto plazo y poner más atención a un recurso que ya tiene mucho tiempo en el olvido.