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El pasado 28 de octubre, la presidenta de la República, Laura Fernández, manifestó que no firmará el Acuerdo Transpacífico y que procederá a archivarlo.
Desde la formulación de la teoría de las ventajas comparativas en 1817, la Economía demuestra que el libre comercio (cero aranceles) es la política comercial más ventajosa para cualquier nación, incluso cuando los socios comerciales mantengan posturas proteccionistas. El proteccionismo crea rentas extraordinarias para pequeños grupos de productores; pero a su vez castiga a millones de consumidores.
Algunos sectores, entre ellos el agrícola, temen ante una mayor apertura comercial. Sin embargo, sus dificultades para competir se deben al exceso de Estado, al abuso de la carga tributaria, a la complejidad regulatoria y excesivas cargas sociales que elevan demasiado los costos de producción a tal punto que les impide competir.
Para mejorar la competitividad del agro y de los demás sectores productivos, se requiere lo siguiente:
Si el objetivo de la política económica fuese el bienestar genuino de Costa Rica, se priorizaría en la eliminación de todos los aranceles en el menor tiempo posible, complementada con una disminución de la intervención estatal. Por el contrario, si lo que pretende es proteger a grupos de presión, y con ello explotar al consumidor, entonces no firmar el Acuerdo Transpacífico y archivarlo es la decisión “correcta”.