El reto de formar talento: tarea país que nos involucra a todos

Fernando Cruz / Presidente de CINDE

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La educación ha sido, desde hace décadas, la gran apuesta del país por el desarrollo. Gracias a ella, Costa Rica se insertó en cadenas globales de valor y en sectores innovadores que requieren conocimiento, creatividad y habilidades de primer nivel. No es exagerado decir que la educación ha sido el pasaporte que nos abrió la puerta al mundo.

El talento humano es hoy la carta de presentación más poderosa de Costa Rica. Ha sido el factor diferenciador que nos permite atraer inversión extranjera directa (IED) y mantenernos competitivos en un mercado global.

El talento es, además, la clave para que las personas crezcan, para que las familias progresen y para que la economía avance de manera sostenible. Pero cuidado: estamos bajando el ritmo y el enfoque en nuestro objetivo de mejorar el perfil de nuestra gente y abrirles las oportunidades, desde que son niños, de insertarse en actividades dignas, bien remuneradas y con altas posibilidades de crecimiento y bienestar.

El más reciente Informe del Estado de la Educación nos lanza una advertencia clara: el sistema educativo necesita intervención. Por sí solo, no logrará cerrar las brechas a menos que se vuelva un tema prioritario. Persisten retos en matemáticas, comprensión lectora, inglés y habilidades digitales.

Los datos son preocupantes y ocupantes en muchas áreas; elementos que antes nos enorgullecían hoy requieren atención inmediata y profunda. En otras palabras: si no actuamos juntos, el motor del desarrollo puede perder fuerza.

Luces y sombras en el talento nacional

Las bases sólidas de nuestro sistema nos ayudan a retomar el camino correcto. Ahí encontramos números claves que también muestran logros.

 En 2023, según datos del MEP, se graduaron más de 16,700 jóvenes de colegios técnicos profesionales, en especialidades que van desde contabilidad hasta ciberseguridad e inteligencia artificial. Más de la mitad fueron mujeres. Los CTP’s son, sin duda, una luz de esperanza y ejemplo de grandes avances.

Solo en informática, la matrícula creció un 40% en tres años y ya hay más de 3,000 graduados anuales en áreas como desarrollo de software y redes. Lo cierto es que deberían ser muchos más y distribuidos a lo largo del país.

A esto se suma un activo estratégico: Costa Rica lidera en Latinoamérica en dominio del inglés. Sin embargo y nuevamente, el número de personas con dominio del idioma debería ser considerablemente mayor

Los avances existen, pero no son suficientes. La educación avanza, pero no al ritmo que exige una economía que cambia cada día.

Iniciativas que suman desde distintos sectores

Desde CINDE hemos acompañado, articulado y facilitado múltiples programas para aportar al reto del talento. Cada paso ha sido posible gracias al compromiso de empresas, ONGs, instituciones académicas, líderes educativos y organismos internacionales que han puesto recursos, tiempo y visión en esta tarea.

Entre las iniciativas en las que hemos participado activamente, en articulación con empresas, universidades y organizaciones sociales, destacan los bootcamps y programas cortos en TI.  Estos han permitido formar jóvenes en áreas como ciberseguridad, inteligencia artificial y desarrollo de software, respondiendo a necesidades definidas directamente por el sector productivo y con certificaciones otorgadas por universidades.

También hemos promovido programas de reconversión laboral, donde el sector productivo, la academia y el Estado se unen para abrir oportunidades a personas en transición, permitiéndoles adquirir nuevas competencias en áreas de alta empleabilidad. En este esfuerzo, CINDE ha actuado como catalizador que conecta oferta y demanda.

Otro eje fundamental ha sido la promoción de carreras STEM en jóvenes y mujeres, trabajando de la mano con ONGs, centros educativos y empresas comprometidas en despertar vocaciones científicas y tecnológicas desde edades tempranas.

También hemos trabajado en el fortalecimiento de la educación técnica, colaborando con colegios técnicos y compañías multinacionales para alinear los currículos con las necesidades reales del mercado y asegurar que las habilidades de los estudiantes respondan a los sectores más dinámicos.

Finalmente, hemos impulsado iniciativas regionales junto con municipalidades, universidades y empresas decididas a crecer fuera de la GAM. Estos esfuerzos buscan democratizar las oportunidades y garantizar que el desarrollo llegue también a comunidades fuera del centro del país.

Es importante señalar que Costa Rica cuenta con fondos clave para que las empresas se sumen de manera activa a mejorar las habilidades de su gente. Entre ellos destacan los recursos del INA; y las becas del Ministerio de Trabajo, así como el fideicomiso para educación generado de los cánones de zona franca. Estas son herramientas estratégicas que deben saberse utilizar y aprovechar al máximo.

En otras palabras: el marco ya está creado; ahora corresponde aprovecharlo con responsabilidad y visión de futuro, siendo actores activos en el pacto nacional por la educación.

El reto del talento exige precisamente esa colaboración público-privada que, de manera sostenida, se convierte en motor de transformación. Es una tarea de país. Y en esa tarea, las compañías no pueden ser espectadoras. Si el sector productivo quiere seguir creciendo, debe invertir activamente en el talento que lo hace posible.

El mensaje es claro: volver a asumir la educación como un acuerdo nacional, un factor primordial de trabajo y aporte de todos. Solo así, el talento humano seguirá siendo la mayor riqueza de Costa Rica.