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Ya las cartas están echadas, los partidos en el Congreso hicieron sus apuestas, sus mejores cálculos, negociaron y algunos hasta se vendieron al mejor postor para poner en el Directorio a quienes más les convienen en esta última legislatura.
Dio tristeza ver el desperdicio de tiempo, la incongruencia, la indecisión y la falta de diálogo que impera en el Primer Poder de la República.
Con estas acciones de los padres de la patria, los ciudadanos no hacemos más que reconfirmar la frase de Marco Aurelio Almazán “La política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa” y la del expresidente estadounidense Abraham Lincoln “Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”.
No hay mucho que agregar cuando se tiene frente a los ojos a grupos políticos jugándosela, ofreciendo y pidiendo en un arte que se ve poco elegante, poco productivo para la sana democracia.
La elección del Directorio legislativo con estos comportamientos pasa de ser solemne a viciada, manipulada, descarada y malintencionada, no por el acto mismo sino por el comportamiento de quienes dicen llamarse representantes de los costarricenses.
Las razones son muy obvias, los diputados se jugaron este lunes el último chance de cara a la campaña electoral de 2018.
Cada uno buscó cómo acomodarse donde el sol mejor le caliente y desde ahí trata de ir sumando réditos para la búsqueda de las nuevas curules para sus partidos y hasta la silla presidencial.
Todos los años el 1˚ de mayo es la misma historia, se dejan de lado los compromisos, las alianzas y las promesas. En fin, es el juego de la politiquería que entra en vigencia cuando se trata de obtener poder.
No es ni siquiera un año el que queda de legislatura, desde que dan el pitazo del arranque de campaña a todos se les olvida el sagrado deber que se les encomendó y olvidan las prioridades para el país.
Otros están en la Asamblea moviendo piezas sin estar yendo a trabajar, como lo demanda la ley. Que lo diga un diputado que tiene una larga lista de ausencias sin justificar y sin vergüenza alguna se presentó a la elección. Muy mal visto porque eso denota la falta de seriedad.
Ahora lo que viene es la lucha que se dará en el plenario, los votos a favor o en contra de proyectos cruciales son como bonos de intercambio para la nueva partida política.
Pudimos verlo en la sesión solemne, cargada de intrigas, abonada por la discordia y sazonada con la pimienta de los intereses partidarios.
Tardaron lo que les dio la gana poniéndose de acuerdo para elegir el nuevo Directorio, el tiempo justo para amarrar cada uno sus pretensiones.
Un que otro legislador dio discurso de resistencia, pero al fin esperando que al menos una de sus peticiones tuviera vialidad.
Nada es casualidad en el Primer Poder de la República y todo lo que se ve tras las cámaras y las lentes de los medios de comunicación es solo una pequeña parte de lo que se mueve en esas oficinas de las agrupaciones, donde la destreza es dar lo menos y obtener lo más, el poder del canje.
Los señores congresistas que tienen lista la maleta se jactaron estos días de aprobar 91 proyectos de ley en un año, el doble de su primera legislatura, pero aun así es un récord bajo cuando se habla de personas que deben y tienen la obligación de gestar nuevas normas, además de derogar y reformar leyes que datan de años luz y hoy son una piedra en el zapato.
Los padres de la patria no han hecho mayor cosa este año, eso sí, ha sido menos deslucido que los anteriores, las figuras más connotadas, los colmilludos, tampoco han hecho grandes aportes.
El Directorio tiene grandes desafíos en este fin de la gestión, en medio de la campaña debe recobrar la credibilidad ante la ciudadanía y mejorar la mala imagen que recae sobre los diputados.
Ojalá quienes no dieron su voto para la elección tampoco entraben ni estorben, que pongan los puntos sobre las íes cuando sea necesario, pero no en el afán de desacomodar, confabular, sino de progresar y construir.
Costa Rica requiere avanzar, aprobar proyectos importantes y una Asamblea tan fragmentada es sinónimo de representación, de opinión, pensamiento y diversidad, pero también ha sido la muestra más grande de ingobernabilidad, distanciamiento y falta de diálogo.