El recorrido de la antorcha de la libertad ilumina la ruta hacia la Tercera República

Opinión

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Laura Fernández

Candidata presidencial PPSO

El himno patriótico al 15 de setiembre, con letra de Juan Fernández Ferraz y música de José Campabadal, fue creado en 1883 y ejecutado por primera vez el 30 de noviembre de ese mismo año en Cartago. Más de un siglo después, sigue siendo un llamado poderoso a la libertad y a la dignidad humana. Cada vez que entonamos sus versos, recordamos que nuestra independencia no fue un regalo, sino una decisión valiente de nuestros antepasados. 

Ellos rompieron las cadenas del dominio extranjero; hoy nosotros debemos romper las cadenas de la corrupción, de los privilegios y de un Estado obsoleto que, lejos de servir a las personas, se ha convertido en su opresor.

Cuando el himno nos exhorta a “levantar la frente al sol refulgente de la libertad” y a “ser libres, no siervos menguados”, nos recuerda que la verdadera libertad es inseparable de los derechos inalienables que anteceden a la creación del Estado: la vida, la libertad y la propiedad. Esa es la piedra angular de la Tercera República de Costa Rica: reconocer que ninguna institución, ningún partido ni ninguna casta política está por encima del pueblo de Costa Rica y su dignidad.

El himno también proclama que “sólo es hombre el que tiene derechos, no el que vive en la torpe abyección”. 

Y aquí se revela el dolor de nuestro tiempo: un Poder Judicial ineficiente que ha hecho que la impunidad se normalice mientras demasiados costarricenses ven el acceso a justicia como un anhelo lejano, casi imposible, trámites interminables, caros y engorrosos, leyes obsoletas y servicios públicos en ruina y desconectados de las necesidades actuales, mientras una casta política se blinda con privilegios y leyes hechas a su medida. 

Esa desigualdad ante la ley, esa protección de unos pocos a costa de la mayoría es una herida que sangra a diario y que debemos sanar. Cuando cantamos que “del pueblo los hijos en coro, de la ley juren ser el sostén”, confirmamos otra verdad que inspira a la Tercera República: la igualdad ante la ley.

Igualdad ante la ley que conquistaremos como país, cuando erradiquemos los privilegios, los abusos, los clientelismos; cuando vivamos sin desigualdades determinadas por si ostentamos un “apellido político” ligado a quienes nos han mal gobernado en el pasado. La ley debe proteger al ciudadano común, no ser un escudo para los corruptos.

Los versos que invocan un “brazo nervudo y pujante contra el déspota inicuo opresor” nos recuerdan que la historia de Costa Rica siempre ha sido la de un pueblo que se levanta contra los abusos. 

Hoy, igual que en 1821, nos corresponde asumir la tarea de una nueva independencia: la independencia del Estado clientelista y del viejo sistema político que se resiste a soltar sus privilegios.

La antorcha de la libertad, que cada mes de setiembre recorre Centroamérica, hoy también simboliza el camino hacia nuestra gran meta: la fundación de la Tercera República. 

Una nación donde la dignidad humana sea la brújula, donde el Estado sea un servidor limitado y no un amo absoluto, y donde la bandera azul, blanca y roja flamee como símbolo de justicia, libertad e igualdad ante la ley.

Porque, como nos advierte el himno desde 1883: “De la Patria la noble bandera no dejemos plegarse jamás”. 

Hoy esa bandera ilumina nuestra ruta hacia una Costa Rica donde la libertad no sea promesa, sino realidad viva para cada ciudadano. Costa Rica nació libre. 

Hoy nos toca a nosotros, como Pueblo Soberano, fundar la Tercera República para independizarnos de la corrupción y de un Estado obsoleto que nos heredaron los mismos políticos que hoy nos quieren encadenar al pasado.