El quiebre del orden multilateral: La mutación geopolítica tras el 9/11

Expertos analizan cómo los atentados acabaron con la hegemonía occidental y redefinieron el poder global

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El 11 de septiembre de 2001 marcó el fin de la ilusión del “fin de la historia” y el inicio de una reestructuración profunda en la arquitectura de poder global.

Más allá de su impacto en la seguridad aeroportuaria, el colapso del Centro Mundial de Comercio significó el agotamiento del orden internacional hegemónico y el nacimiento de un escenario caracterizado por la fragmentación estratégica, el intervencionismo unilateral y el declive del multilateralismo.

La génesis estratégica: La Guerra del Golfo y la incubación del conflicto

Para comprender la arquitectura del 9/11 es necesario desmantelar la noción de que se trató de un evento fortuito.

La raíz del conflicto se sitúa en la Guerra del Golfo de 1990, cuando la intervención de la coalición occidental para expulsar a Saddam Hussein de Kuwait derivó en el estacionamiento prolongado de tropas estadounidenses en la península arábiga.

Foto: AFP.

Carlos Torres, analista internacional, explica cómo esta presencia militar actuó como el catalizador ideológico del extremismo contemporáneo.

“El 11 de septiembre se gesta particularmente con la Primera Guerra en Irak, la Primera Guerra del Golfo en 1990. En este escenario empieza a aparecer un grupo de personas extremistas del Islam a las que no les gusta la presencia de Estados Unidos y Occidente en las tierras santas de Arabia Saudita (…) Esto se vuelve un tema de estudio para extremistas donde había una persona muy importante: Osama Bin Laden”, explicó.

A partir de ese hito, Al-Qaeda articuló una estrategia de enfrentamiento asimétrico contra Washington. A pesar de señales previas, como las explosiones en las embajadas de Kenia y Tanzania en 1998, o el ataque al USS Cole en el año 2000, el sistema de inteligencia occidental no logró anticipar la escala de la amenaza.

Foto: AFP.

La historiadora Adriana Barrantes contextualiza la vulnerabilidad expuesta por el aparato de seguridad estatal.

“Había demasiada burocracia entre instituciones para poder ejecutar seguimiento, para poder hacer algún tipo de espionaje y predecir este tipo de acciones”, afirmó.

Reconfiguración del poder y legado estratégico

La respuesta de Washington transformó la dinámica diplomática global.

Foto: AFP.

La noción de la “Guerra contra el Terrorismo” sustituyó la contención tradicional por la doctrina de la acción preventiva, erosionando el peso de los organismos multilaterales y dando paso a coaliciones voluntarias de alineamiento unilateral.

Las invasiones a Afganistán (2001) e Irak (2003) demandaron más de 6 billones de dólares sin lograr consolidar la estabilidad institucional en la región.

Foto: AFP.

Al evaluar las consecuencias a largo plazo, Barrantes resalta el balance ambiguo de dos décadas de ocupación.

“En Afganistán, uno pensaría que después de un conflicto bélico un país se puede reestructurar o estar mejor, y no está mejor, está en manos de los talibanes (…) Son partes de las consecuencias ambiguas que deja un hito histórico de esta magnitud”, mención.

En el plano sistémico, el foco volcado hacia el terrorismo descentralizado redujo la atención de Occidente sobre el resurgimiento de potencias como China y Rusia.

Foto: AFP.

Como concluye Torres, el evento aceleró la transición hacia un orden multipolar e incierto.

“Empieza a desarrollarse el mundo como lo conocemos ahora. Empieza a ser un inicio de un proceso más lento de desglobalización, de desintegración y el ingreso frontal de extremismos”, destacó.