El PUSC en su laberinto

Si para algunos existía alguna esperanza de lo contrario, el proceso electoral del presente año ha evidenciado -ahora sí- el fin del bipartidismo tradicional y con ello la reconfiguración del mapa político costarricense. Durante varias décadas, el espectro político estuvo dominado por dos partidos que representaban distintas posiciones ideológicas, pero cercanas entre sí: la centroderecha […]

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Si para algunos existía alguna esperanza de lo contrario, el proceso electoral del presente año ha evidenciado -ahora sí- el fin del bipartidismo tradicional y con ello la reconfiguración del mapa político costarricense.

Durante varias décadas, el espectro político estuvo dominado por dos partidos que representaban distintas posiciones ideológicas, pero cercanas entre sí: la centroderecha y la centroizquierda. De ahí las posibilidades de grandes acuerdos que dieron como resultado un Estado Social de Derecho, producto de un contrato social, hoy debilitado.

En el año 2018 se puso el epitafio sobre la lápida de los restos de un modelo político bipartidista y con ello del pacto social que tuvo su construcción jurídica en la Constitución de 1949. 

El PAC, como representación del “progresismo”, llegó para quedarse; y las “fuerzas conservadoras”, hoy aglutinadas en torno a un partido evangélico, parecen ser tendencia hacia el futuro. 

El actual proceso electoral puso en evidencia una creciente tensión dialéctica entre dos posiciones, ideológicamente más alejadas una de otra, si se toman como referencia las tesis dominantes durante la segunda mitad del siglo XX; y resquebrajó a cada uno de los partidos tradicionales, los que hoy se muestran ayunos de liderazgos, dubitativos ideológicamente, carentes de respuestas y desprestigiados. Un nuevo escenario se les abrió, y superó su capacidad de comprensión.

En el caso del PUSC, durante muchos meses, con la participación de dirigentes de todo el país, se construyó una “Carta Ideológica” que fue presentada a los costarricenses en el 2016 como una actualización de la Carta aprobada por el Congreso Ideológico de 1995. 

Se asumió que la misma iba a ser la expresión de aquellos valores y principios sobre los cuales se sustentaría la cohesión partidaria en los próximos años; era una suerte de “pacto social” dentro del PUSC.

Hoy se pone de manifiesto que aquella aspiración no se cumplió; el PUSC no está articulado ni cohesionado, está sin brújula; y su “Carta Social Cristiana a Costa Rica” no es más que un conjunto ineficaz de enunciados y buenas intenciones; se desaprovechó una oportunidad. En momentos como los actuales, es en donde se pone de manifiesto lo útil o no de una Carta Ideológica.

La articulación partidaria queda en entredicho cuando una parte importante de su dirigencia asume una posición contraria a quien lidera el partido desde hace unos años y quien ha sido su candidato en las dos últimas elecciones; y su cohesión ideológica -aún más- cuando unos abrazan tesis “progresistas” y otros “conservadoras”. 

Y la tesis auténticamente socialcristiana, ¿dónde fue a parar?

Ambas posiciones reclamarán para sí mismas la “representación auténtica” de los valores y principios socialcristianos; sin embargo, lo único cierto es la falta de liderazgos alternativos, aparejada de una fuerte tensión ideológica que no fue superada con la construcción de aquella “Carta” y que se agrava con la ausencia de un dirigente que no entendió su rol de líder, quien apostó de manera legítima -hay que reconocerlo así- a su particular lectura del entorno, pero sacrificando, como excandidato, su papel natural de guía, articulación y equilibrio partidario.

Criterios habrá muchos, lo cierto es que institucionalmente no se adoptó posición alguna; lo que no necesariamente pasaba por apoyar uno u otro candidato. 

Este fue el resultado lógico, ante la falta de mecanismos procedimentales, la tibieza de la estructura orgánica y la posición del excandidato presidencial apoyando al PAC; pero sin lograr el apoyo suficiente para que su tesis fuese respaldada institucionalmente, ni por el Directorio Político, ni por el Comité Ejecutivo, ni por la futura Fracción Parlamentaria; mucho menos por una Asamblea Nacional que no fue convocada.

Hoy por hoy, el PUSC es una organización que no acaba por recomponerse, dividido, que peligra convertirse en una simple formalidad inscrita en el Registro de Partidos Políticos y con posibilidades de ser absorbido por otras fuerzas; si no logra interiorizar su papel de moderador en una sociedad cada vez más polarizada. 

Superar esto constituye el gran reto de su actual dirigencia tras el 2 de abril, y de la futura fracción parlamentaria a partir del 1 de mayo; las esperanzas de miles de socialcristianos están puestas sobre éstos… si no, ¡apague y vámonos!

 

*Abogado y Administrador Público

Miembro del Directorio Político PUSC

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