El Papa Francisco y su legado

Gloria Bejarano Ex primera dama de la República

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Congruencia entre lo que se cree, se dice, se hace, se practica y se vive… eso se llama integridad.  El Papa Francisco mostró al mundo que, sin importar su posición, él siempre fue el mismo hombre, sencillo, sincero, de gestos simple que ponían su alma al descubierto… se dice fácil pero no todos logran sobreponerse al boato del poder y la fama.  No todos pueden enfrentar la tentación de sentirse superiores por haber llegado a ocupar un cargo, Francisco no solo era humilde, su humildad se podía sentir, se podía palpar en cada una de sus palabras, en cada uno de sus actos, en cada decisión.

Se mudó de un Palacio a un pequeño cuarto de hotel, no por dar un mensaje ni por aparentar una falsa pobreza, se mudó porque era un hombre llano, congruente con sus votos; no hizo de esta decisión un circo propagandístico, no juzgó, no criticó, no se justificó … simplemente se mudó.

Francisco nunca perdió esa calidez que lo caracterizaba, los fríos muros del Vaticano y el rígido protocolo que caracteriza a las altas esferas del poder no pudieron cambiar a un hombre que fue amado precisamente por esa cercanía que lograba establecer con todos, especialmente con los más humildes, con los que sufren injusticias, con los que viven el dolor y se sienten relegados.  

El Papa era un hombre profundamente humano que lo mismo abogó por los inmigrantes que por los excluidos de la sociedad, lo mismo luchó por el medio ambiente que por lograr un acercamiento con los musulmanes o poner fin a la guerra en Ucrania.  

Su vida se caracterizó por tender puentes y mostrar respeto aún por todos aquellos que adversan a la Iglesia, aquellos que pensaban distinto a él, aquellos que no compartían su apertura y disposición a abrir a la Iglesia a un mundo en evolución y cambio. 

Su mensaje era simple pero poderoso y caló en muchos, especialmente entre los jóvenes a quienes les predicaba que: “A pesar de nuestras diferencias, somos hermanos.”  

Cercano, sencillo, humano, alegre, empático, tolerante ese era Francisco, el sacerdote que quería a la Iglesia fuera de los templos, al lado de la gente, apoyando a los feligreses, a los ciudadanos; acompañándolos en sus alegrías, consolándolos en sus tristezas, escuchando sus dudas, perdonando sus errores y guiando sus decisiones.  Si, el Papa quería una Iglesia inclusiva que entendiera las necesidades de las personas y que se ocupara de aliviar sus angustias, demostrando que el amor de Jesucristo no es solo una prédica sino una forma de vivir el sacerdocio. 

Murió un ser humano extraordinario y no faltará el que saque a relucir errores que pudo haber cometido, porque antes de sacerdote, Jorge Mario Bergoglio era humano. Un ser humano, que enfrentó inimaginables retos y presiones, tomó decisiones que otros evadieron, supo pedir perdón cuando fue necesario, dio la cara por los pecados de otros y si, pudo cometer errores, pero nadie puede poner en duda su valor, su honestidad y congruencia.  Francisco fue el Pontífice que se atrevió a hablar sobre temas controversiales y lo hizo con empatía y comprensión, sin juzgar ni dividir, señalando que no podemos odiar indiscriminadamente, que debemos optar por el respeto, la búsqueda del diálogo y la conciliación.  “Apostar por el amor”, así resumía sus enseñanzas convencido que es más lo que tenemos en común que lo que no divide.

Su legado será diferente para cada uno de nosotros, para algunos será su lucha por la madre tierra, por la paz en el mundo o la verdad, … para otros, su legado es el enorme compromiso con la justicia social y su empeño por que a todos los seres humanos se les pueda garantizar salud, educación, trabajo digno, vivienda, justicia y paz.  Para mí su legado no es otro que su integridad y la congruencia con que vivió sus principios, sus ideales y su vida entera.

Gracias Santísimo Padre, su ejemplo y liderazgo deberán ser siempre un llamado a la acción cuando la vida lo demande; las cosas, como usted bien decía, son más complejas de lo que parecen, pero el paralizarnos o encontrar el camino fácil de la confrontación nunca es una opción. Usted nos mostró otro camino: amarnos los unos a los otros, ser solidarios, empáticos, humanistas, tolerantes y comprometidos con la búsqueda de la verdad, la justicia y el bien común, solo así podremos construir una sociedad mejor como la que usted soñó.