
Rigoberto Guadamuz Monge*
*Etimólogo y lexicógrafo, con énfasis en Lógica Lingüística.
Para poder escribir sobre el origen de los costarriqueñismos, se debe tener mucho cuidado y tomar muy en cuenta el escenario de la Costa Rica del momento.
Hasta hoy, solo conozco dos posiciones sobre esto de amarrar el perro como equivalente a no pagar una deuda.
El “Nuevo Diccionario de Costarriqueñismos” del Dr. Pacheco Quesada, en su cuarta edición , solamente registra la locución “amarrar el perro” como: “no pagar una deuda”.
Pero de todos son conocidas otras variantes en que también aparece el perro como protagonista.
– Ser un amarra perros: Persona que deja deudas sin pagar.
– Dejar un perro = Dejar una deuda sin honrar.
– Soltar el perro = Pagar una deuda, generalmente muy atrasada.
– Andar de amarra perros = Tener como costumbre no pagar las deudas.
– Tener un perro = Tener una deuda por cancelar.
Un comentario que circula en la Red, y escrito por don D. Meléndez, ubica el supuesto nacimiento de “amarrar el perro” a mediados de 1960 en Tibás, San José. Lo escrito por el señor Meléndez, no calza con la opinión de don R. Dávila publicada en La Prensa Libre en el año 2006. De lo descrito por este último columnista, lo ubica cerca de 1950 y tiene como personajes a los polacos que vendían a pagos; de a fiado. Hasta citan nombres de personas, un supuesto Manuel uno y el otro, a Jacinto y al perro como Boby.
Por mi experiencia como científico en materia lingüística, me hace no irme de cabeza de buenas a primeras. Uno de los puntos a considerar es cómo es posible que se haya podido difundir por todo el país este refrán si en tal época (1950-1960) el grueso de las emisiones de radio se daba por medio de la AM. La voz de la Víctor, Radio Tic tac, Radio Atenea, Radio Columbia, Radio City, Radio Libertad, Radión, etc., Radio para tí, etc.
Es decir, con tales limitaciones de potencia y alcance de sus transmisiones.
No fue sino hasta cerca de 1975 que en FM reinaban la emisora Stereo Azul y Radio Golfito, esta última propiedad del coronel don Marcos Muñoz con un alcance muchísimo más amplio. Quiero decir con esto de las emisoras en AM, que no era ni fue posible la difusión o propagación masiva del dicho “amarrar el perro” por todo el territorio nacional.
Ambos comentaristas sostienen que los deudores o “amarra perros” hacían justamente eso: atar un perro muy bravo o fiero para impedir el acceso a la casa del cobrador. Pero un perro suelto es mucho mucho más eficiente para morder y perseguir que uno amarrado. He aquí la primera gran contradicción de ambos exponentes. Tal animal atado facilitaba al supuesto cobrador poder meterse a la propiedad y proceder al cobro de la cuenta vencida sin temer la agresión.
Mi tesis es que esto de “dejar un perro amarrado” y las otras variaciones que anoté al inicio del comentario, posiblemente tengan su origen en el hecho de dejar un perro como garantía de vuelta a pagar (digamos que ir a la casa por el dinero) y no retornar. Un perro fiador.
En la época en que nació este dicho o refrán criollo, en casi todas las casas del país había uno o más perros; era la ayuda necesaria de trabajo en el campo, de cuido y compañía. Incluso los había que eran muy eficientes en la cacería. Y también -como podemos ver hoy en algunos pueblos-, era casi inevitable que los perros acompañaran a sus dueños en las visitas a la pulpería y cantina.
Hay que tener presente que, en época pasada, casi todos los negocios de pulpería contaban con una sección de cantina, oculta o separada por una especie de tabla con patas; una especie de biombo.
Da para pensar entonces que el hombre que consumía más de la cuenta en la cantina no contara con el dinero para pagar o que se quedara corto. Y al tener afuera del negocio al infaltable compañero, le propusiera al cantinero y dueño de la pulpería dejar en garantía el perro (atado, amarrado), como señal de que volvería casi inmediatamente a pagar por lo consumido y en deuda.
Al pasar el tiempo (digamos que horas, que luego se convertirían en días, semanas y meses) y no retornar para cumplir con el pago, es posible que de aquí naciera esto de “dejar un perro amarrado”, “ir a soltar el perro”, “tener un perro”, “ser un amarra perros”, “andar de amarra perros”, etc.
Las cantinas y negocios están por o en todo el país; igual los perros acompañantes (deseados o no), los consumidores o compradores que compran fiado sin poder pagar, también.
He aquí la única tesis que se me ocurre, que antaño y como hoy, bien puedo o pudo darle nacimiento a: dejar un perro amarrado.
Y reitero que lo sostenido por ambos comentaristas de que el mal pagador dejaba amarrado el furioso perro, lejos de impedir el ingreso a la propiedad, lo facilitaba.
En sentido figurado, y ya sin el hecho físico de dejar un animal amarrado como garante de pago y a recuperación, es que decimos: Soltar un perro, etc.
Y, al no volver el deudor para honrar la deuda, pues el perjudicado debió soltar el animal fiador para que volviera donde el deudor; el amarra perros.
¿Sí o no?