El negro muerto de hambre

Sí, señores y señoras, así como lo leen, un joven negro de 23 años, de origen haitiano, murió de inanición en la frontera de Peñas Blancas, tirado en el suelo entre basura y barro, en su intento de cruzar nuestra frontera norte y seguir su ruta hacia los Estados Unidos, huyendo de la pobreza, sorteando a la Policía costarricense y a los coyotes; murió de hambre en la calle. Murió cual ser abyecto en nuestra sociedad, sin plata, sin visa, sin familia, sin apoyo, sin comida; murió de hambre.  

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Sí, señores y señoras, así como lo leen, un joven negro de 23 años, de origen haitiano, murió de inanición en la frontera de Peñas Blancas, tirado en el suelo entre basura y barro, en su intento de cruzar nuestra frontera norte y seguir su ruta hacia los Estados Unidos, huyendo de la pobreza, sorteando a la Policía costarricense y a los coyotes; murió de hambre en la calle. Murió cual ser abyecto en nuestra sociedad, sin plata, sin visa, sin familia, sin apoyo, sin comida; murió de hambre.

Doña Maureen Clarke levantó su voz y denunció este hecho vergonzoso para el país, y lo que ha recibido a través de las redes sociales y los periódicos digitales es una avalancha de insultos e improperios que si algo nos demuestran es el sentimiento sexista, machista y racista que nuestra sociedad carga dentro de sí; improperios que no vale la pena repetir, pero que nos hacen lamentar la dureza y la injusticia con la cual algunos costarricenses enfrentan la migración africana en el país.

Yo no estoy hablando en este momento de la Ley General de Migración, ni de si la migración africana debe ser atendida a nivel regional o no, yo estoy hablando de las personas y sus necesidades en el aquí y el ahora, del drama humano que enfrentamos actualmente y que no podemos simplemente ignorarlo o pretender que podamos desalentarlo a punta de policías y gases lacrimógenos. 

Estoy hablando del hombre y la mujer, de los niños y niñas que huyen de la marginalidad de sus zonas de origen, que dejan todo atrás pues ya no tienen nada qué perder, que buscan en el futuro algo mejor que el pasado no les dio, que solo cuentan con el presente para echar hacia adelante, es de ellos y ellas que estoy hablando. 

No se trata de políticas, ni de responsabilidades institucionales, se trata de las personas, y de la necesidad de garantizar que los derechos fundamentales de estos migrantes no sean violentados en nuestro territorio nacional.

La muerte de este joven haitiano nos deja claro que algo muy negativo está pasando en la estrategia nacional de abordaje al tema, dado que la implementación de una política restrictiva migratoria hacia esta población está más bien fortaleciendo el coyotaje y vulnerando aún más a los migrantes. Debemos repensar esta estrategia, antes que tengamos más vidas que lamentar. 

¿Y qué hay de los insultos racistas y sexistas? ¿Por qué razón la denuncia de doña Maureen levanta sentimientos de este tipo en nuestra sociedad? Por una simple razón, la sociedad costarricense es racista, subyace en el discurso social y cultural, está allí, guardado como un ADN nocivo desde la época colonial, permanece latente debajo de la piel, buscando el momento para salir y materializarse; entre más tengamos esto claro, más factible será trabajar como sociedad en la eliminación del pensamiento y la conducta racista.

Y usted, costarricense, quien se levanta todos los días para ir a trabajar, agobiado por las presas y la lluvia, piense que en este preciso momento hay migrantes en nuestras calles, quienes huyen de la persecución y la hambruna de países como Haití, Eritrea o Costa de Marfil; y quienes han dejado todo atrás para perseguir un sueño de superación y de búsqueda de mejores oportunidades de vida. 

Apelo a la compasión y al sentido común de la sociedad costarricense, para que despertemos de este adormecimiento del alma, cuerpo y corazón, y que demostremos al mundo los verdaderos valores humanistas y solidarios que debemos hoy ejercer en esta dura prueba que la Historia nos impone en nuestro camino.

 

*Antropólogo social y politólogo