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Gloria Bejarano
Ex primera dama de la República.
Los libros no se siembran, pero algunos germinan.
Los libros no se comen, pero algunos se devoran.
Los libros no están vivos, pero algunos son inmortales.
Los libros no tienen sexo, pero algunos te enamoran.
Los libros no desprenden luz, pero algunos te aclaran la vida.
Los libros no tienen movimiento, pero algunos te llevan lejos.
Hay libros que son baratos, pero algunos son impagables.
Los libros carecen de memoria, pero algunos son inolvidables.
Cada uno de nosotros está hecho de los libros que lleva dentro.
Alguien enamorada de los libros me envió este poema reflexivo, anónimo, lleno de metáforas sobre el impacto de los libros y estoy segura de que quienes son ávidos lectores se podrán identificar con más de una de estas comparaciones y podrán, a su vez, encontrar nuevas alegorías que hablarán de sus experiencias, de sus sentimientos y vivencias.
Recuerdo de niña esconderme bajo las cobijas con una linterna de mano, pues me mandaban apagar la luz y no podía parar de leer la Cabaña del Tío Tom o meterme a la biblioteca del abuelo para ver “Las Costumbres de Universo”, libro enorme en el que había fotos sorprendentes de tribus africanas que mostraban sus tradiciones y páginas más adelante encontrábamos trajes ceremoniales del Japón, el vendado de pies a niñas chinas o el día de muertos… si, los libros lo mismo nos llevaban a mi hermana y a mí, al antiguo Egipto, que al amazonas, cabalgábamos con El Mio Cid o acompañábamos al Principito mientras se hacía amigo del zorro.
Y por increíble que les parezca a mis nietos… la palabra aburrimiento nunca fue parte de nuestro vocabulario, los libros se encargaban de hacer volar nuestra imaginación.
Independientemente que los libros nos enseñan a soñar y nos trasladan a lugares mágicos, los libros son insustituibles en la educación porque inciden en el rendimiento académico y estimulan la capacidad cognitiva; los libros incentivan la imaginación y potencian el conocimiento del lenguaje, aumentan el vocabulario y ayudan a desarrollar el pensamiento crítico.
Los libros además de transmitir conocimiento nos permiten escuchar otras voces, otras culturas, otros tiempos y contrastarlas con nuestra realidad, con nuestras convicciones y creencias.
El acceso a libros en una sociedad, sin importar la edad, es fundamental por cuanto niños y grandes estamos expuestos, a través de la lectura, a pensamientos diferentes, a emociones distintas, a perspectivas disímiles con lo cual se pone en práctica la tolerancia, se cierran brechas educativas y se mejora, significativamente, la capacidad de analizar, evaluar y sintetizar información esencial para entender el mundo de hoy.
Leer permite identificar problemas, cuestionar y detectar sesgos; leer nos ayuda a tener una mejor comprensión sobre la realidad, a tener una opinión informada y a contar con los elementos que nos permitan elaborar respuestas con argumentos sólidos y así poder ejercer una ciudadanía activa y responsable.
Por eso leer no puede ser un privilegio de unos pocos, es un derecho del cual todos deben disfrutar, para juntos construir una mejor sociedad, un mundo mejor.
Recordemos que la creación del libro representó un salto cuántico en el desarrollo de la humanidad pues la tradición oral condenaba al olvido la memoria de los pueblos. Los libros, permitieron no solo el registro de la historia para la posteridad, el resguardo de la memoria, los saberes y las tradiciones que dan sustento a identidad de las naciones… los libros, al permitir la verificación y la acumulación precisa del conocimiento científico hicieron posible el avance de la ciencia y con ello la evolución de la humanidad.
El pasado 23 de abril se celebró el Día Internacional del Libro, hagamos un alto y reflexionemos sobre el poder transformador de los libros, los beneficios que trae a nuestras vidas y la importancia de incentivar la lectura en las nuevas generaciones.
