El giro necesario del IMAS 

Editorial

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El nuevo modelo “Impulsa” del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) representa un cambio de paradigma que era urgente y necesario: pasar de un Estado paternalista que entrega subsidios sin contrapartida, a un Estado que acompaña y exige compromiso para la superación personal.

Los datos hablan por sí solos. Que casi 7.000 personas hayan decidido voluntariamente dejar de recibir subsidios antes que cumplir con las nuevas exigencias de estudiar, capacitarse o buscar trabajo, revela una realidad incómoda pero necesaria de abordar: durante décadas, el sistema de asistencia social creó una cultura de dependencia que, lejos de combatir la pobreza, la perpetuaba.

Estas cifras, lejos de ser negativas, son liberadoras: revelan que el Estado ya no subsidiará la mediocridad ni premiará la falta de esfuerzo.

El modelo Impulsa invierte esta lógica perversa. Ya no se trata de entregar dinero a cambio de nada, sino de brindar oportunidades reales de crecimiento. Las 139.243 personas que se encuentran estudiando y las 5.694 que reciben subsidios para emprender son la prueba de que cuando se ofrecen herramientas genuinas de superación, la gente responde positivamente.

Esta nueva metodología reconoce una verdad fundamental: la pobreza no se erradica con limosnas estatales, sino creando las condiciones para que las personas desarrollen sus propias capacidades y generen ingresos dignos. El trabajo, el estudio y el emprendimiento no son castigos, sino los únicos caminos sostenibles hacia la movilidad social.

La evaluación trimestral que ahora realiza el IMAS no debe verse como una imposición burocrática, sino como un acompañamiento responsable. 

Un Estado serio no puede limitarse a entregar recursos sin verificar que estos cumplan su propósito de sacar a las familias de la pobreza. 

El seguimiento mensual para quienes cumplen parcialmente sus metas y la pérdida de beneficios para quienes no se comprometen son medidas de elemental responsabilidad fiscal y social.

Por supuesto, el modelo mantiene la protección necesaria para las poblaciones más vulnerables: mujeres embarazadas, personas con discapacidad y adultos mayores. Esto demuestra que no se trata de un enfoque despiadado, sino de una política social inteligente que diferencia entre quienes pueden trabajar por su superación y quienes genuinamente requieren protección incondicional.

Los críticos del modelo argumentarán que es “inhumano” exigir contrapartidas por la ayuda social. Pero lo verdaderamente inhumano es mantener a las personas en un círculo vicioso de dependencia que les roba dignidad y futuro. Lo inhumano es crear generaciones enteras que crecen creyendo que el Estado les debe todo sin que ellas aporten nada. El IMAS bajo esta nueva dirección está devolviendo la dignidad al concepto de ayuda social. Está construyendo un sistema que no perpetúa la pobreza sino que la combate de raíz.