El fracaso de las jornadas 4-3

Editorial

Una vez más, la Asamblea Legislativa de Costa Rica demuestra su incapacidad para tomar decisiones trascendentales que el país necesita. El proyecto de jornadas excepcionales 4-3, que prometía modernizar nuestro mercado laboral y brindar mayor flexibilidad tanto a empresarios como trabajadores, parece destinado al archivo legislativo tras el estrepitoso fracaso de la llamada “vía rápida”.

La inevitable decisión de devolver el expediente 24.290 a comisión legislativa no es más que una confesión de derrota. Después de semanas de debate estéril y enfrentados a 2.500 mociones pendientes que podrían extender la votación hasta cinco meses, los diputados optarían por el camino más fácil: abandonar el barco.

Es particularmente revelador que el mismo diputado socialcristiano Lesley Bojorges haya admitido públicamente que “debemos aceptar que el Frente Amplio ha ganado” y que están “poniendo esfuerzos en algo que no va a convertirse en ley”. Esta capitulación prematura evidencia una falta de liderazgo político preocupante.

El sector empresarial costarricense había depositado sus esperanzas en esta reforma como una herramienta para aumentar la productividad y generar más empleos. La modalidad 4-3 representaba una oportunidad de oro para que Costa Rica se posicionara como un país innovador en materia laboral, siguiendo el ejemplo de naciones desarrolladas que ya han implementado esquemas similares con resultados exitosos.

Sin embargo, los legisladores contrarios al plan prefirieron el obstruccionismo a la construcción de consensos. Su estrategia de saturar el debate con miles de mociones no solo evidencia una falta de compromiso con el diálogo democrático, sino que constituye un sabotaje deliberado al desarrollo económico del país.

La jefa de fracción oficialista Pilar Cisneros tiene razón al señalar que “mientras otros países avanzan en nuevas modalidades de trabajo, nosotros seguimos discutiendo si reformamos o no nuestro Código Laboral por 23 años”. Esta parálisis legislativa crónica condena a Costa Rica al atraso y la mediocridad.

Los argumentos en contra del proyecto, centrados en supuestas afectaciones a los trabajadores nocturnos, revelan una visión anacrónica del mercado laboral. La realidad es que la flexibilización horaria beneficiaría a miles de costarricenses que podrían disfrutar de un mejor balance vida-trabajo.

El destino del proyecto 4-3 hacia el archivo legislativo representa más que el fracaso de una iniciativa específica: simboliza la incapacidad estructural de nuestro sistema político para responder a las demandas de modernización que requiere el país. Una vez más, el Congreso demuestra que cuando Costa Rica más necesita reformas audaces, las mayorías son incapaces de construir los acuerdos necesarios.