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En medio de las montañas de San Francisco de Peñas Blancas en San Ramón, en una comunidad a menudo invisibilizada por su cercanía con La Fortuna de San Carlos, un pequeño restaurante se ha convertido en motor de cambio y esperanza.
@diario.extra #Nacionales | Transcomer presenta Lo Positivo de la semana en Costa Rica. 🌟 Periodista: Fabiana Conejo. Productor: Ronald Vargas.
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Se trata de El Fogón de Chela, un emprendimiento que nació en plena pandemia y que hoy da empleo e impulso a madres solteras de la zona, mientras rescata las tradiciones de la cocina costarricense.
“Cuando inicié este proyecto junto con mi familia fue durante la pandemia, porque habíamos perdido todo. Tenía una meta: construir mi casa para traer a vivir a mi abuelita conmigo. Sin trabajo y sin comida, empezamos vendiendo platos típicos, sin saber si alguien llegaría”, recordó Isela Jiménez, conocida cariñosamente como Chela, fundadora del restaurante.
El camino no fue fácil. Las restricciones sanitarias y el aislamiento hacían difícil atraer clientes.
“Usé un montón de tácticas de guerra para atraer público, pero fue muy difícil”, dijo entre risas. Todo cambió cuando una pareja extranjera se detuvo a pedir usar el baño y terminó probando su comida. “Ella escribió una reseña donde decía que el lugar era como la casa de Chela en medio de la jungla, y de ahí empezó a venir la gente”, recordó.
Una pequeña cocina improvisada se transformó en un punto de encuentro para locales y turistas. Hoy, el Fogón de Chela no solo es un restaurante, sino un espacio donde se comparten historias, se reviven recuerdos y se construyen oportunidades.
Chela tiene claro que su proyecto va más allá de servir comida, es una oportunidad para las mujeres de su comunidad.
“Tengo el privilegio de contar con tres mamás de la comunidad que son mis colaboradoras. Durante la temporada alta puedo contratar a más personas. Ahora El Fogón de Chela es una empresa que genera trabajo y eso sí me ha dado mucha satisfacción”, afirmó.
Una de ellas es Francella López, quien ha trabajado junto a Chela desde los inicios, cuando solo eran ellas dos.
“La gente no sabía que estaba esto aquí adentro, entonces casi no llegaba nadie. Pero, gracias a ella, mis hijos ahora tienen una condición más cómoda. Ella ha sido más que mi jefa, es una amiga. He tenido muchas oportunidades, conocido mucha gente, me he desenvuelto, he aprendido muchas cosas, aquí estoy haciendo lo que a mí me gusta que es cocinar y para mí eso es felicidad”, compartió con una sonrisa mientras revolvía una olla sobre el fogón de leña.
Otra de las colaboradoras es Seidy Herrera, también madre soltera. Para ella, el trabajo en el Fogón ha sido una bendición.
“Para mí es una gran bendición trabajar aquí, que la jefecita Isela me diera la oportunidad, porque de hecho me ayudó un montón para sacar adelante a mi bebé. Es muy bonito porque uno conoce mucha gente y aprende cosas que uno no conocía, siento que las personas se llevan una experiencia única de aquí”, contó.
El ambiente del restaurante refleja esa calidez humana: mesas compartidas, café servido al ritmo de la conversación y una cocina abierta donde todos son bienvenidos.
“Quería crear un lugar donde todos se sintieran en casa, no como en un restaurante o en un tour. Aquí la gente se queda el tiempo que quiera, a nadie se le echa, y me encanta conversar, por eso tengo un rótulo que dice ‘¡cafecito para el chisme!’: un espacio para compartir, reír y disfrutar juntos en mi casa, mi cocina y mi sala”, expresó Chela.
El Fogón de Chela ha ganado fama entre los turistas por su autenticidad.
“Nadie visita una cocina en otro país, y aquí la gente entra y se sirve directamente del fogón. Muchos dicen: ‘¡Me recordó a cuando mi abuela cocinaba!’ Eso es lo que más me gusta, regalar recuerdos”, contó emocionada.
Más que un restaurante, El Fogón de Chela es una experiencia cultural. Las paredes están llenas de frases ticas, la música típica se mezcla con el olor a leña, y cada plato cuenta una historia.
“Mi abuela fue mi inspiración. Quise hacer algo donde ella se sintiera bien. Por eso este lugar tiene alma de casa y corazón de familia”, afirmó Chela.
El restaurante abre todos los días de 8:00 a.m. a 4:00 p.m., con precios accesibles y platillos típicos costarricenses preparados con leña. En ocasiones, también ofrecen clases de cocina tradicional, donde tanto locales como extranjeros aprenden a preparar tortillas palmeadas, picadillos y gallos con un sabor único.
El impacto del Fogón de Chela ha sido tan positivo que hoy forma parte del Comité de Turismo de Peñas Blancas, del cual Chela es miembro activa.
La iniciativa busca dar a conocer la identidad del distrito y posicionarlo como un destino emergente de turismo sostenible.
Con el apoyo de la Municipalidad de San Ramón y el compromiso de sus habitantes, Peñas Blancas está trazando su propio camino turístico.
El Fogón de Chela no solo llena estómagos, sino también corazones, especialmente los de aquellas mujeres que encontraron en su cocina una nueva oportunidad de vida.
“Este lugar no es un restaurante, es mi cocina, es parte de mi casa y son todos invitados, porque tener este espacio para regalárselo a otra persona es lo más valioso”, concluyó Chela.

















