Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
Costa Rica envejece, pero no madura en conciencia social. El incremento sostenido de casos de maltrato, abandono, estafas y negligencia hacia personas adultas mayores es una muestra dolorosa de la deuda que arrastramos como sociedad.
No se trata solo de cifras, sino de vidas relegadas, de seres humanos que entregaron sus años más productivos al país y hoy enfrentan la indiferencia incluso dentro de sus propios hogares.
El Programa de Atención Integral de la Persona Adulta Mayor (Paipam) de la Universidad Nacional ha lanzado una alerta que no puede pasar desapercibida: estamos fallando como país.
De enero a octubre de 2024, el Ministerio Público registró 6.182 casos de delitos contra personas mayores, casi igualando el total de todo el 2023.
De ellos, el 26% fueron estafas, un reflejo de la crueldad con que se aprovechan de su vulnerabilidad.
A esto se suman 1.107 denuncias de violencia intrafamiliar registradas por el Ministerio de Salud, la mitad contra personas mayores de 75 años.
Y el drama se agrava en los hospitales.
“ Necesitamos más que discursos. Necesitamos acción. Envejecer con dignidad no puede ser un privilegio. Debe ser un derecho garantizado, promovido y respetado “
El Hospital San Juan de Dios reportó 40 casos de abandono entre enero y abril de este año, superando el promedio mensual del 2024. Si observamos desde 2016, el aumento de este tipo de abandono ha sido de más del 800%.
No se trata solo de una falla familiar: es un síntoma de un sistema que no protege, de comunidades que no cuidan, de un país que no prevé.
El maltrato hacia las personas mayores va más allá del daño físico. Implica violencia psicológica, abuso económico, negligencia y aislamiento.
La Asociación Gerontológica Costarricense reveló que casi el 50% de las llamadas recibidas en 2023 estuvieron relacionadas con violencia, y en 2024 la tendencia continuó, con 92 casos reportados en apenas cinco meses.
En paralelo, el aumento de la población mayor, que ya representa un 13,63% del total, según la Encuesta Nacional de Hogares, nos exige respuestas más rápidas y comprometidas.
Las políticas existen, como la Política Nacional de Envejecimiento (2023-2033) y la Agenda del Envejecimiento Saludable (2021-2030), pero su aplicación ha sido lenta y débil.
El Paipam insiste en reforzar la educación intergeneracional, la corresponsabilidad social y el fortalecimiento de redes comunitarias.
Necesitamos más que discursos. Necesitamos acción. Envejecer con dignidad no puede ser un privilegio. Debe ser un derecho garantizado, promovido y respetado. Urge educar desde temprano, construir una cultura sensible al valor de la experiencia, una sociedad que no descarte por edad, sino que integre, escuche y proteja.
Porque todos, absolutamente todos, llegaremos a la vejez.
Y cuando lo hagamos, mereceremos más que lástima: mereceremos respeto, cuidado y dignidad.
El abandono no es destino, es una elección colectiva. Y aún estamos a tiempo de elegir distinto.