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Con el asentamiento de hace 10.000 años la humanidad pasó a una etapa más infeliz: aumentaron las enfermedades por el tipo de actividad, y aumentó la explotación humana Eso ocurrió por la eficiencia y la división del trabajo. Un agricultor llegó a producir suficiente para alimentar a 400 personas, mientras que arruinaba con sus excedentes subsidiados a millones de agricultores en los países más pobres. Esto es lo que considera ideal el mercantilismo. El CAFTA dispone que abramos las fronteras a las importaciones de excedentes subsidiados de los Estados Unidos, mientras que la discusión se los subsidios se deja a la OMC, cuya Ronda Uruguay está pegada precisamente porque los países ricos se niegan a reducir sus subsidios agrícolas.
Apareció entonces la eficiencia porque un agricultor podía producir la comida de más de una familia, y apareció la “división del trabajo”, porque las familias alimentadas podían dedicarse a otros menesteres: en otras palabras, aparecieron las clases sociales, apareció la explotación del rico contra el pobre, con el que producía la comedera siempre en la base de la pirámide…
Esto no fue así por maldad, sino por el mandato inexorable de la historia, que produjo para la especie humana un aumento de la población que requirió el abandono del forrajeo.
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El curso inexorable de la historia de repente ha determinado que es con el hambre que se resuelve el problema de la población, porque los neoliberales se opondrán a que el gobierno proporcione a los pobres el engrudo nutritivo.
De todos los trabajos que yo tuve, ninguno fue más satisfactorio que los años en UPANACIONAL, tratando de detener esta tendencia, que resultó ser el curso inexorable de la historia, porque ganaron los mercantilistas: producíamos en Costa Rica casi todo lo que nos comíamos, y hoy día producimos menos de la mitad, y continuamos importando cada día más, mientras que tratamos de aparecer muy industrializados porque ya la exportación de equipos médicos va a alcanzar a la de artículos de la agricultura: piña, mango y banano, para los países industriales.
Comeremos entonces un engrudo rico en carbohidratos y proteínas producido en las fábricas, y bueno para mantener los huesos pegados al pellejo, muy lejano de los alimentos “gourmandice” que producirán unos pocos agricultores exclusivamente para los ricos.
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Esto no es la visión de pesimista, sino la de uno que ve las cosas como van. ¿Sabe usted que ya estamos importando el 70% de nuestra comida? Y la tendencia es que la importemos toda con los dólares que nos trae la exportación de equipo médico. Ese es el curso inexorable en que nos lleva el mercantilismo neoliberal. Practicamos con denuedo la inseguridad alimentaria. Cuando el hambre haya disminuido la población dejaremos de comer engrudo, y habrá más aprecio del agricultor. Soy optimista.