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Las redes sociales y las inteligencias artificiales (IA) son parte del día a día de millones de personas en todo el mundo.
Sin embargo, detrás de estas plataformas existe una realidad poco conocida por muchos.
Un elemento clave en su funcionamiento son los centros de datos, enormes edificios de cientos de metros cuadrados.
Estos espacios están llenos de armarios que albergan servidores, potentes computadoras capaces de almacenar y procesar enormes volúmenes de información.
Los servidores cuentan con conexiones de alta velocidad mediante fibra óptica y reciben miles de gigabytes por segundo.
Para garantizar que documentos, sitios web y conversaciones en línea estén siempre disponibles, deben operar sin interrupciones.
Por ello, están protegidos contra ciberataques, daños físicos y fallos mediante sistemas de respaldo.
Un aspecto importante es el alto consumo energético de estos centros de datos, lo que implica un enorme gasto de electricidad.
Además, debido a su gran potencia, los servidores generan mucho calor y requieren sistemas de enfriamiento, como ventiladores o refrigeración líquida.
En la mayoría de los casos, estos sistemas utilizan agua, lo que explica por qué el uso de herramientas de IA conlleva un significativo consumo de este recurso.
