El colapso de las farmacias de la CCSS

Editorial

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“No se puede poner en riesgo la salud de cientos de personas con enfermedades crónicas por la falta de planificación. El acceso a la salud y a los medicamentos también son un derecho”

La Caja Costarricense de Seguro Social vive su prueba de fuego más severa desde la creación del seguro en 1941. 

Siete de cada diez farmacias advierten riesgo de desabastecimiento, el cien por ciento sufre cargas mal entregadas y nueve de cada diez volvió al lápiz y al papel porque el sistema ERP-SAP fracasó. No hablamos de cifras frías; hablamos de hipertensos sin pastillas, diabéticos sin insulina y pacientes oncológicos que no pueden interrumpir un solo día su tratamiento.

Este desastre tiene responsables con nombre y apellido. 

La Auditoría Interna advirtió a la Junta Directiva que los errores en inventarios, la deuda con proveedores y las boletas de incapacidad sin codificar atentaban contra la continuidad del servicio. Sin embargo, algunos directores prefirieron blindar el informe bajo sello de confidencialidad. Mientras tanto, usted y yo hacemos fila para escuchar un “no hay” como sentencia.

La presidenta ejecutiva y su equipo aprobaron el arranque de un software que nunca estuvo listo. Los sindicatos lo advirtieron, los técnicos lo documentaron, los usuarios lo padecieron. 

El resultado: 127 mil incapacidades sin pagar, pérdidas por hurto y caducidad, proveedores que suspenden entregas y farmacias que cierran ventanillas antes del mediodía. La salud pública no puede depender de parches informáticos ni de discursos en redes sociales; requiere liderazgo, planificación y rendición de cuentas.

La solución existe y pasa por cuatro acciones inmediatas:

1- Suspender el sistema en las farmacias críticas y restablecer el modelo anterior mientras se corrigen fallas.

2- Negociar con proveedores un cronograma de entrega que garantice los medicamentos esenciales. 

3- habilitar un fondo de contingencia para reforzar inventarios en zonas rurales, donde regresar “mañana a las nueve” implica cruzar montañas.

4- Transparentar toda la información: contratos, costos, penalidades y correos internos. La ciudadanía no tolerará nuevos secretos.

La CCSS nació para cuidar la vida, no para experimentar con ella. Cada receta sin surtir erosiona la confianza en el seguro, alimenta la desesperanza y empuja a los más pobres hacia farmacias privadas que no pueden pagar. 

Si la Junta Directiva no corrige hoy, mañana habremos hipotecado ochenta años de conquista social. 

El país exige respuestas, no excusas. Usted merece un sistema que garantice sus medicinas, no que le pida paciencia mientras se desangra en trámites y silencios. Es la hora de actuar.