El cemento y las elecciones

Analizando un comentario que sale publicado en una página digital: “El problema de América Latina es la corrupción, así lo definen desde la prensa internacional, tan es así que en muchos países la gente se va a dormir con hambre porque hay corrupción, y unas minorías privilegiadas se benefician por medios legales de la miseria […]

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Analizando un comentario que sale publicado en una página digital: “El problema de América Latina es la corrupción, así lo definen desde la prensa internacional, tan es así que en muchos países la gente se va a dormir con hambre porque hay corrupción, y unas minorías privilegiadas se benefician por medios legales de la miseria de las mayorías”. En apariencia, la bola de cristal refleja que esto será un problema de nuestro diario vivir.

En este problema de corrupción casi todos los países por estas latitudes tienen un techo de vidrio, unos más grandes y otros de menor tamaño, pero algunos tienen control sobre la situación, aunque algunas veces no es suficiente. Un ejemplo es el caso del derrocamiento de la presidente Dilma Rousseff en Brasil y con el nuevo presidente nada ha cambiado, la expresidente argentina Cristina Fernández con un serio revés judicial al ser inculpada por supuesta asociación ilícita y lavado de activos, la justicia de Ecuador decretó la prisión preventiva para el vicepresidente del país, Jorge Glas, por su presunto vínculo en un caso de corrupción ligado a la constructora Odebrecht.

Bueno, la cadena de corrupción sigue, sin embargo no se puede dejar por fuera a la República Bolivariana de Venezuela, una nación en ruinas económicamente, en parte por ese mal, y un gobierno que no genera nada. Por ahí dicen las malas lenguas que es una narcodictadura. 

Observando otro escrito: “a) que todos los funcionarios son corruptos, que buscan de alguna manera participar de la esfera estatal para robarle al erario público; por consiguiente, b) todos los partidos políticos son corruptos y en consecuencia, la gente que se involucra en política, incluso en militancia de base, es más corruptible que cualquier otra”. Pues bien, para el caso nuestro estas afirmaciones como que no están tan lejos de la verdad.

En algunos países hasta las malas costumbres se pegan. El acto de corrupción y tráfico de influencias sobre el sonado caso del cemento chino, todos los días sale algo nuevo. No cabe duda, esta película del “Cementazo” estará en cartelera por un buen tiempo. Si el episodio del cemento chino hubiera sucedido a principios de administración, simplemente se hace un poco de bulla por unos días, luego se le echa tierra y asunto resuelto, pero el dilema es que todo el escándalo se está dando en un tiempo electoral y, por ende, ante esta escabrosa cuestión puede tener graves repercusiones en las elecciones de febrero 2018, porque esto para el costarricense no será un hecho que pasará inadvertido; es decir, este cemento puede endurecer al electorado.

Quedan menos de tres meses para que el gobierno, los tribunales de justicia y demás entes públicos devuelvan la credibilidad en la clase gobernante.