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En Costa Rica, enfermarse se ha vuelto una ruleta rusa. La Caja Costarricense de Seguro Social, orgullo histórico de nuestra solidaridad, enfrenta una crisis permanente que no se resuelve con discursos ni nostalgias. A enero del 2025, 190.000 personas estaban esperando una cirugía y 680.000 estaban pendientes de un estudio diagnóstico. A diciembre del año pasado, 322.000 pacientes aún no habían sido vistos por un especialista. ¿El promedio de espera? Más de 14 meses.
Este país ya no necesita más diagnósticos, necesita tratamiento. La salud no puede seguir dependiendo de la suerte o de la capacidad de poner un recurso de amparo. Y aunque incomode a algunos, hay que decirlo, porque no se vale repetir discursos bonitos mientras el sistema está fallando.
Y propongo una transformación de verdad. No para debilitar a la Caja, como algunos dicen, sino para rescatarla de la ineficiencia, la politización y el abandono. Porque si seguimos así, quienes más la necesitan serán los primeros en quedar fuera.
Hoy quiero compartirles algunas cosas que podemos empezar a resolver desde los primeros 100 días de gobierno, que no requieren reformas legales, sino voluntad y trabajo de la mano de la Junta Directiva, la Gerencia Financiera y el personal médico que, como muchos ciudadanos, está frustrado con un sistema que no deja trabajar ni resolver.
Empecemos por las listas de espera. Hay que habilitar jornadas de producción (extraordinarias) con pago por resultados, no por horas, e integrar el sector privado de forma complementaria, sin desplazar al personal actual. Si tenemos quirófanos disponibles, los usamos. Si hay médicos dispuestos a operar en la tarde, se les paga por operación, porque en salud, el tiempo salva vidas.
Pero también hay que dejar de reaccionar tarde. El sistema está hecho para atender enfermos, no para prevenir enfermedades. ¡Absurdo! Necesitamos EBAIS con horarios ampliados, médicos de familia, atención grupal para personas con diabetes, hipertensión o depresión. Atender a tiempo no es un lujo, es una inversión.
Por otra parte, vamos a darle el respeto y el acompañamiento al trabajador independiente. A quien trabaja por cuenta propia, hoy se le cobra con base en estimaciones, muchas veces alejadas de su realidad. El resultado es miedo, informalidad y evasión. Sí podemos crear un modelo contributivo justo, competitivo, basado en ingresos reales, que incentive la formalidad y apoye el esfuerzo.
Y sí, también vamos a poner orden en la atención a indocumentados. Costa Rica es un país solidario, pero también debe ser justo.
Mientras haya costarricenses esperando 18 meses por un TAC, no podemos permitir que extranjeros no asegurados vengan, se atiendan, reciban medicamentos y se vayan sin aportar un colón a nuestro sistema de salud.
Para todo esto, necesitamos liderazgo. Pienso nombrar un presidente ejecutivo que conozca la Caja desde adentro, que tenga carácter, solvencia técnica y cero compromisos políticos. La Caja no puede seguir siendo un botín ni un premio. Requiere dirección.
Yo no vine a administrar excusas, vine a resolver. Porque este país no puede seguir secuestrado por el desorden, ni por el miedo a tocar lo que no funciona. La Caja se rescata con técnica, con transparencia y con firmeza. Porque este país merece una institución que cuide, que sirva, que salve y que respete a los que trabajan y aportan todos los días para sostenerla a flote.
Mejor es posible.
